domingo, 12 de diciembre de 2010

EL CIRCO CONTINÚA

La noticia estrella de estos últimos días ha sido que el Gobierno ha decretado el Estado de Alarma, status político de urgencia, en consecuencia de la llamada "crisis de los controladores aéreos". Es muy conveniente que todo este follón, muy sacado de madre en mi opinión, sirva para desviar la atención pública del último paquete de medidas económicas del Gobierno, con su correspondiente ataque a los derechos sociales.

Es muy curiosa la evolución del circo político. Como muy acertadamente (en mi opinión) ha dicho hace poco en los medios el ex Coordinador General de IU Julio Anguita, si hubiese sido el PP el que hubiese llevado a cabo estas medidas ahora mismo se les estaría levantando toda España llamándoles fachas y acusándoles de querer destruir el bienestar social, pero estas medidas las hace el PSOE y ya parece que realmente la ciudadanía asuma que es "por su propio bien, porque no se puede hacer otra cosa para paliar la crisis".

Con esto no quiero defender al PP, ni mucho menos, pero es cierto que dudo mucho que ellos se hubiesen atrevido nunca a aprobar algunas de las medidas que está haciendo el PSOE. Y estas medidas están siendo tapadas de una forma sorprendente por la excusa de que es "lo único que se puede hacer, porque no se puede hacer otra cosa para arreglar la crisis", y están siendo relegadas a segundo plano por una sorprendente cobertura mediática, ya sea el sobrevalorado circo del Estado de Alarma de los controladores aéreos o toda la operación esta contra el doping, que ha ocupado prácticamente la totalidad de los telediarios de los últimos dos días (y lo que queda).

El circo político continúa, los políticos están cavando poco a poco su propia fosa y lo más lamentable de todo esto es que se van a llevar consigo la propia política, que no es otra cosa que la herramienta de los ciudadanos para gestionar los recursos, pero que hoy está siendo corrompida por la profesionalización, es decir, el dominio de la política por parte de una serie de "profesionales" que están ahí representando a la ciudadanía quiera ella o no. Lo más jodido de todo es eso, que la ciudadanía no sólo se desencanta con los políticos, sino también con la propia política, y temo que termine llegando un impresentable que, a base de decir que la política es una farsa y los políticos unos corruptos, consiga el apoyo del pueblo para acabar con la democracia.

El circo debe acabar, pero debe ser la ciudadanía la que termine con él. Debemos democratizar de nuevo la política y fomentar la participación ciudadana en los asuntos públicos de nuevas formas, más directas. Debemos impulsar a las personas como ciudadanos, como parte del sistema, y crear un Estado que realmente esté formado por el conjunto de los ciudadanos, y no por unos supuestos representantes que están ahí los queramos o no, como si no pudiésemos hacer otra cosa que tragar con lo que nos digan.

POLÍTICA CONTRA LA CRISIS ECONÓMICA

El otro día me propuso mi padre que comentáramos en “No Me Ralles” una noticia que había visto en televisión y creo que es muy conveniente comenzar este artículo, ya que trata de mi opinión sobre la situación económica actual, explicando precisamente de qué trata. La noticia decía que el Banco Central Europeo emplea el dinero público en dar préstamos a los bancos privados con un 1% de interés, y lo que están haciendo esos bancos privados con el dinero público prestado es, precisamente, comprar deuda pública a los estados europeos a un interés alto, provocando un aumento del déficit público. Esa es la primera parte del gran espectáculo de la economía actual, en el siguiente capítulo entran en juego los grandes economistas liberales atacando la deuda pública, diciendo algo así como que es un error del mercado muy negativo y que hay que luchar por reducirla a toda costa, y por supuesto también abogando por la privatización de servicios públicos. Detrás de todo esto lo que se esconde está muy claro: dinamitar el sector público, es decir, derribar las prestaciones sociales del Estado de Bienestar y facilitar que en un futuro prestaciones sociales como, por ejemplo, las pensiones o las becas, sean concedidas y controladas por bancos, empresas privadas y aseguradoras, que lo harán de forma que obtengan beneficios, evidentemente, ya que el fin del sector privado no es conceder servicios sociales (que producen pérdidas y déficit) sino el obtener beneficios económicos.

En el discurso económico neoliberal se está demonizando el déficit público, y cada vez se está dejando de lado con más evidencia que el déficit público es positivo. La deuda pública lo que indica es que el Estado está haciendo su trabajo, que es el de prestar servicios sociales públicos y gratuitos que, evidentemente, producen deuda pública. El aumento desproporcionado de este déficit se debe a que el Estado ha ido privatizando con el paso de los últimos años aquellos servicios que, en vez de provocar deuda, lo que producen es beneficio económico. De esta forma, el sector privado gestiona aquellos servicios que producen beneficios y el Estado asume aquellos servicios que producen déficit, pero que son necesarios por su importancia social. Si atacamos el déficit estamos dinamitando estos servicios, que es precisamente lo que está pasando ahora.

Una cosa debe quedar clara, la economía no debe buscar únicamente la eficiencia, como se nos está inculcando a hierro, sino que debe perseguir otro principio fundamental de la economía, que es la equidad, es decir, la justicia social. Avanzar en reformas liberales significa poner la eficiencia por encima de la equidad, y dinamitar cada vez más esta última. El problema de la crisis no es la ausencia de dinero, el problema que existe en la economía es precisamente un problema de equidad. Por ejemplo, en España hay hoy más dinero que en los últimos años, hay mucho dinero, sin embargo cada vez hay más pobres y cada vez las clases populares se tienen que ajustar más el bolsillo, ¿por qué?, porque tenemos un problema de distribución de la riqueza. Es decir, todas las medidas económicas liberales, de privatización y de freno a la equidad lo que están consiguiendo es que la riqueza se acumule progresivamente en pocas manos, de forma que, aunque suene a topicazo, los ricos sean más ricos y los pobres más pobres. Hay que aplicar medidas de redistribución de la riqueza, aunque eso por supuesto supondría una nueva intervención del Estado en la economía.

La economía ha demostrado de sobra en la historia que es incapaz por sí sola de gestionar equitativamente los recursos, y podemos aprender de crisis económicas anteriores que el mercado es incapaz por sí mismo de regular los desequilibrios entre oferta y demanda. Cuando son los mercados y las grandes empresas las que tienen total libertad para regular la economía y llevar a cabo las medidas económicas que consideren convenientes, van a llevar a cabo una búsqueda total de los beneficios y la eficiencia que va a mutilar completamente la justicia social, los derechos sociales y va a destruir el Estado de Bienestar (lo que queda de él). La alternativa es que los recursos, en vez de ser gestionados por los grandes mercados, bancos e instituciones económicas como el FMI, sean gestionados de nuevo por la política, entendida la política como la herramienta de los ciudadanos para gestionar los recursos de la sociedad. Hay que incentivar una nueva democratización de la política, hay que fomentar la implicación de la ciudadanía y hay que proponer nuevas medidas democráticas de gestión de los recursos. La gran diferencia entre política y economía es que la política es una herramienta ciudadana, la economía no. Me explico, si las políticas económicas las llevan a cabo representantes del pueblo, el pueblo debería poder cambiar de representantes, pero si las medidas económicas las imponen unas entidades que no han sido elegidas ni votadas de forma democrática, ¿en qué lugar queda la democracia?

Este tema es muy, muy amplio, ya que es el gran debate social de la era contemporánea, la gran disputa entre la política y la economía por la gestión de los recursos.