En plena época de crisis, el trabajo y el dinero escasea y crece el desencanto político por parte de la población, especialmente entre las clases más humildes. Es ya común en nuestra sociedad que este tipo de crisis sean aprovechadas por partidos o grupos extremistas que lancen un mensaje populista de odio y separación a la población, especialmente con tintes racistas, sexistas o discriminatorios de cualquier tipo, utilizando los medios de propaganda que tiene a su alcance. Esta crisis no es una excepción, y lo estamos comprobando y sufriendo.
En Francia, Nicolas Sarkozy lleva a cabo unos recortes sociales bestiales, que perjudican principalmente a trabajadores y miembros de las clases humildes, así como unas medidas de inmigración e "identidad nacional" bastante de extrema derecha, como la expulsión racista de gitanos rumanos de Francia.
En Italia, Berlusconi (seguramente el mayor manipulador de la información televisiva que hemos podido conocer en muchos años) implanta prácticamente por la fuerza medidas de pérdida de poder de los Parlamentos y de reformas políticas de extrema derecha tanto a nivel estatal como a nivel interno del partido, que ahora pretende imitar al Tea Party republicano de EEUU.
En Holanda, ha llegado al poder un partido de extrema derecha llamado Partido Popular por la Libertad y la Democracia. Este partido ha llegado al poder con un discurso xenófobo, exaltando la dignidad del pueblo holandés y su grandeza. Este partido gobierna con el apoyo electoral de un partido más ultra de derechas aún, el Partido por la Libertad, de Geert Wilders, un polémico político xenófobo y antiislamista de extrema derecha.
Gobierna la derecha neoliberal en Suecia, Austria, Gran Bretaña y otros muchos países de Europa. Estas políticas neoliberales esconden detrás una sombra autoritaria que ya asoma la cabeza, aunque es muy lista y sabe medir sus pasos, asegurándose de no dar un movimiento en falso sin haberse cubierto antes las espaldas (manipulación mediática mediante). Un ejemplo muy claro es el de Angela Merkel, la canciller alemana, que ahora dice que el modelo multicultural ha fracasado y que hay que retomar el viejo discurso nacionalista. Miedo me da.
España, aunque es uno de los poquísimos países democráticos en la actualidad donde gobierna la izquierda, este discurso está tomando mucho poder, camuflándose incluso entre el llamado "centro-derecha". No hay más que ver cómo cobran poder electoral partidos de estrema derecha como Democracia Nacional, Plataforma per Catalunya e incluso el fascista Falange Española, que ha denunciado y llevado a los tribunales a un juez que ordenó abrir las fosas del franquismo para enterrar a los muertos del bando republicano. Por otro lado, una encuesta del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) ha sacado a la luz que alrededor del 90% de votantes de extrema derecha votan al PP, y lo mismo se puede traducir en las afiliaciones al partido. También está clara esa influencia ultra en cómo ha subido durante estos últimos años la popularidad de determinados medios informativos como la COPE, Intereconomía, la Gaceta, Libertad Digital, etc, que emiten anuncios como los que he incorporado a esta entrada.
Los españoles están apoyando cada vez más este lado más ultra de la derecha, que está cobrando un poder muy peligroso. En estos años, cualquier rastro de izquierda combativa es visto con recelo y rechazo por la gente, mientras que esta faceta ultra de la derecha es vista con normalidad y aceptada por la mayoría. Ciertamente, cosas como esta hacen que pierda la fe en la política. Díaz Ferrán, el presidente de la patronal, salió el otro dia diciendo que "la única salida a la crisis es que los trabajadores trabajen más y cobren menos", un discurso digno de la era industrial de explotación laboral, y la gente no sólo no le critica sino que carga contra los que sí lo hacen. Me parece horrible.
¿De quién es la culpa? Para qué vamos a engañarnos, gran parte de la culpa la tiene la izquierda política. Unos políticos corruptos que dicen ser la izquierda, representantes de los trabajadores y del progreso, que han cansado a la población con su corrupción y su ineficacia. Una izquierda que, o se derechiza, o se niega a abandonar los discursos de los años 60, incapaz de modernizarse. Pues esto es lo que consigue. Si tuviéramos una izquierda tan combativa y fiel a sus ideas como la derecha, otro gallo cantaría.
Por eso, me gustaría advertir, en estos tiempos que corren, contra aquellos que se aferran a su libertad de expresión para imponerse ante los demás. Porque, como muy bien dijo el otro día un profesor mío de la universidad, detrás del 80% de los que se llaman a sí mismos liberales se esconde una personalidad autoritaria. Y lo estamos viendo, y lo estamos sufriendo. Y vamos a pagar las consecuencias por no poder pararlo.

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