domingo, 9 de enero de 2011

SE ABRE EL ABANICO

Desde hace tiempo hasta hoy, han ido tomando importancia en televisión programas de debate político en cadenas conservadoras, estos programas (aunque algunos decían ser de centro, otros no) todos ellos estaban marcados fuertemente por el centro-derecha o la derecha más pura. No estoy criticando los debates políticos de derecha, no es un ataque, lo que digo es que a día de hoy no había un producto así para los televidentes de izquierda: ningún programa de debates de izquierda. Ahora, Globomedia estrena mañana lunes (a las 23:30) en La Sexta 2, "Al Rojo Vivo", un programa de debates que, anque contará con personalidades de distintas ideas, estará enmarcado en un contexto de izquierdas, progresista y participativo. Estará presentado y dirigido por Antonio G. Ferreras, director de La Sexta, que ha declarado que será un programa que ofrezca "un debate alternativo" y "que apostará por un pensamiento crítico y alernativo".

Yo lo veré. Pero seguramente pase lo mismo que pasó cuando se comenzó a editar el diario Público (y aún pasa), que la misma gente que lee prensa abiertamente de derechas insulta a Público por ser tendencioso, por ser abiertamente de izquierdas. Lo que hizo Público es lo mismo que va a hacer "Al Rojo Vivo", los periódicos que había ninguno estaba diseñado para satisfacer al comprador de izquierdas, mientras que para la ciudadanía conservadora sí había exceso de producto, porque prácticamente todos los peródicos que se venden son de derechas o centro-derecha, ese es el sentido que tiene la venta de un periódico que ofrece un producto acorde con la otra parte de la población. No creo que eso sea malo, al contrario. Al menos ellos (Globomedia, es decir, Público y La Sexta) nunca se han escondido detrás del telón de la neutralidad: de lo que se debe desconfiar antes es de aquellos que dicen ser neutrales y objetivos cuando no lo son para nada, antes que desconfiar de los que abiertamente muestran su signo ideológico y no tienen nada que esconder.

En su primer programa ontará con Josñe María Calleja (periodista), Fernando Berlín (director de Radiocable), Federico Quevedo (periodista de El Confidencial), Francisco Marhuenda (director de La Razón), Antonio M. Carmona (secretario de economía del PSM) y Elisa Beni (periodista). Para próximos programas están confirmados como colaboradores algunos habituales de Globomedia, como Ignacio Escolar (periodista y blogero) y Jesús Maraña (director de Público), además de analistas, expertos, profesores y políticos (imagino que no tardarán en participar algunas de las personalidades que escriben para Público como Josep Fontana, Vincenç Navarro, Saïd El Kadaoui, Sami Nair, Carlos Taibo o incluso puede que Noam Chomsky, quien trabaja en Globomedia haciendo artículos de opinión para Público).

sábado, 8 de enero de 2011

UN PASO POR LA IGUALDAD

Cuando Leire Pajín fue ascendida a Ministra de Sanidad, Asuntos Sociales e Igualdad, recibió multitud de críticas, desde todas las direcciones. La izquierda criticó que el PSOE se tomase poco en serio un ministerio tan importante para los derechos sociales como era ese y que asignar a esta joven como su responsable era como darlo por muerto. Pero las críticas más fuertes vinieron por parte de la derecha mediática e incluso de cargos públicos de derechas, que profirieron toda clase de insultos hacia el aspecto físico de Leire Pajín y su juventud. Yo siempre consideré positivo que le diesen el puesto a una persona joven, con ideas nuevas y progresistas, además vi positivo que le diesen ese cargo a Pajín porque es socióloga, y siempre se critica que los ministros no se hayan preparado en temas relacionados con su cargo. Desde luego una socióloga pega en el Ministerio de Asuntos Sociales e Igualdad (lo de sanidad es lo de menos, porque dudo que Leire Pajín tenga que intervenir nunca en quirófano ni recetar nunca a nadie un tratamiento). Los estudios de Sociología son quizás los más adecuados para este Ministerio.

Ahora, al menos por mi parte, parece que no me equivoqué al pensar que Leire Pajín podía hacer cosas buenas como Ministra, ya que ha tomado una medida, quizás la primera medida más importante y relevante de su carrera política, que me parece todo un acierto y un avance hacia el progreso, una medida digna de un gobierno socialista (una de las poquísimas medidas realmente socialistas de este segundo gobierno de Zapatero). Hablo del anteproyecto de la Ley de Igualdad de Trato y No Discriminación. La iniciativa se basa en dar un paso adelante en la lucha por la igualdad y contra la discriminación, regulando nuevas sanciones contra casos de discriminación y creando un organismo estatal, la Autoridad Estatal para la Igualdad de Trato y la No Discriminación, cuya función será investigar aquellos asuntos tras los que se escondan actos de discriminación en todas sus vertientes: sexual, racial, de género, de nacionalidad, de etnia, de enfermedad, de religión, etc.

Hay muchas personas que ven con recelo la habilitación de nuevos órganos administrativos, y lo veo lógico, sobre todo después de que el mismo PSOE que ha elaborado esta norma haya intentado sacar adelante mediante la Ley Sinde un órgano administrativo llamado Comisión de la Propiedad Intelectual que prometía convertirse en una especie de Policía del Pensamiento en Internet. Sin embargo no hay que caer en la teoría conspiranoide que difunden algunos medios de comunicación sobre que cuando el Gobierno socialista aumenta la Administración es porque quiere dar al Estado un poder absoluto y masónico sobre nuestras vidas. Yo creo que este órgano estatal cuya función es velar por la igualdad y luchar por deshacer las condiciones de desigualdad de algunas personas es completamente positivo para nuestro país.

Esta ley puede suponer una disminución de situaciones tan habituales como cuando a una mujer no le dan trabajo por su aspecto físico, o la despiden por estar embarazado, o la transformación de algunos colegios públicos en una especie de "guetos" para gitanos e hijos de inmigrantes (algo que, desagradablemente, podemos vr en algún colegio de Sevilla), o la explotación de inmigrantes en algunos puestos de trabajo. Y sinceramente, aplaudo a la Ministra Leire Pajín por presentarla e intentar sacarla adelante. Por lo que a mi respecta, está cerrando muchas bocas.

¿POR QUÉ SOY ANTI-PRIVATIZACIÓN?

La privatización de servicios públicos se basa en la utópica idea liberal de la competencia, es decir, que si cada uno mira por su propio interés se alcanza el benficio de todos. Eso estaría bien en una sociedad donde todos fuésemos realmente iguales, pero en una sociedad real, con gente más rica y gente más pobre, estas medidas privatizadoras sólo ahondan aún más en la diferencia entre unos y otros. Porque, evidentemente, hay una clara diferencia entre que un hombre de negocios poderoso o un banquero busque su propio interés libremente y que lo haga una persona de clase trabajadora. La diferencia éstá en los recursos que poseen unos y otros, por eso es importante que las medidas políticas intenten igualar lo máximo posible ambas condiciones de vida sobre todo en lo que respecta a derechos fundamentales como son la educación, los transportes, la vivienda o la sanidad; y para eso están los servicios públicos.

Lo primero y más importante es que todos nosotros somos usuarios y compradores de bienes y servicios, y aunque algunos sean vendedores de algún bien también son compradores de todos los demás. Es por eso que la búsqueda del bienestar económico en una sociedad privilegiada económicamente como la nuestra reside en la búsqueda de una mejor condición para los usuarios o compradores. Porque si tú liberalizas la educación, por poner un ejemplo drástico con el que todos estamos faliriazados, convirtiéndolo en el mercado de la educación, estás ayudando a incrementar aún más la diferencia entre quienes pueden costearse el producto y quienes no llegan al nivel económico que puedan exigir los vendedores. El producto a comprar es la educación de tus hijos. No es lo mismo eso que contemplar la educación como un servicio público al que tienen derecho a acceder por igual todas las personas.

En la teoría económica, la liberalización es positiva porque la competencia entre empresas para ofrecer un producto provoca la irremediable rebaja de precios del producto, que se hace accesible a la mayoría de ciudadanos que pueden coprarlo. Sin embargo, no olvidemos nunca que vivimos en un mundo real, con gente más poderosa que otra, y que esa gente poderosa puede tener los recursos para dominar el mercado. Es lo que ocurre con los monopolios y los oligopolios. La competencia perfecta por ofrecer un producto y que baja los precios apenas existe tal y como lo etablece la teoría económica. Por ejemplo, si vas a esquiar a Granada, en el pueblo vas a coger el telecabina que lleva a la estación de esquí y te das cuenta de que ese telecabina cuesta más de cuarenta euros al día por persona. No hay que ser un lumbreras para saber que lo que le cuesta a la empresa que gestiona ese telecabinas (no sé si es pública o privada, en este caso lo mismo da ya que estamos hablando ahora de la competencia) transportarte a la estación un día ni se acerca a cuarenta euros. Los beneficios que sacan son exhorbitados, y ¿por qué? Porque no hay otra emprea que pueda ofrecer un telecabinas, así que se puede permitir el lujo de marcarse abusos económicos como esos que, a largo plazo, ayudan a fortalecer el cliché de que los pobres no esquían, porque es un deporte de ricos.

Pongamos el ejemplo de Tussam, aquí en Sevilla. Yo soy cliente habitual de Tussam y me muevo diariamente en sus autobuses. Ante la crisis económica del ayuntamiento de Sevilla, ciertos mandamases presionaron mucho porque Tussam debía ser privatizada "para no suponer un gasto excesivo al ayuntamiento y que así los ciudadanos no se viesen afectados por su escaso poder económico". Lo primero es que el ayuntamiento de Sevilla tiene poder económico de sobra para mantener Tussam como transporte público, pero es evidente que ante los derroches de dinero estúpidos y los regalos y los favores necesitaban un chivo expiatorio para tener contentos a su críticos. ¿Qué pasa? Pues que se privatizó Tussam e inmediatamente se despidió a una cantidad brutal de personal, tanto conductores como limpiadores como técnicos; también se eliminaron algunas de las líneas, se redujo el número de autobuses, se redujo el servicio nocturno hasta la broma que es ahora y se dejó de mantener durante mucho tiempo las pantallas informativas. ¿Y por qué? Porque no eran productivas. ¿Y por qué no eran productivas? Porque no generan beneficios económicos pues no era su función generar beneficios económicos a la empresa sino ofrecer un servicio público. Por eso, ahora las líneas "no productivas" se han eliminado y se ha reducido el número de autobuses para que resulte más productivo,es decir, para que los de siempre ganen más pasta porque saben que nosotros vamos a seguir usando sus autobuses.

En los últimos años se han liberalizado en España una serie de mercados con el objetiv de aumentar la competencia y bajar los precios, pero en el mundo real los poderosos se benefician de la ausencia de regulación y así se han formado los monopolios de empresas como Campsa, Iberia, Telefónica o las compáñías eléctricas y de combustibles fósiles que pactan los precios entre sí. Y hoy esos servicios son en España más caros de lo que lo son en otros países "privilegiados" de la UE (como Internet, en España se paga de media un 20% más por internet que en los demás países de la UE). Dijeron que liberlizaban para bajar los precios y ha ocurrido justo lo contrario, como dijo el portavoz de Consumidores en Acción: "en todos los sectores donde un gobierno de España ha puesto la mano de la liberalización, al usuario se le ha perjudicado enormemente".

El discurso neoliberal ha fracasado. El mercado no se regula mejor cuanta menor sea la intervención de la autoridad del Estado. Al final, como siempre, todas estas medidas sirven para profundizar más en la penosa realidad de que son los poderosos quienes se benefician, mientras que los ciudadanos de a pie son los que salen perjudicados. Y eso, sinceramente, no es una democracia.