La privatización de servicios públicos se basa en la utópica idea liberal de la competencia, es decir, que si cada uno mira por su propio interés se alcanza el benficio de todos. Eso estaría bien en una sociedad donde todos fuésemos realmente iguales, pero en una sociedad real, con gente más rica y gente más pobre, estas medidas privatizadoras sólo ahondan aún más en la diferencia entre unos y otros. Porque, evidentemente, hay una clara diferencia entre que un hombre de negocios poderoso o un banquero busque su propio interés libremente y que lo haga una persona de clase trabajadora. La diferencia éstá en los recursos que poseen unos y otros, por eso es importante que las medidas políticas intenten igualar lo máximo posible ambas condiciones de vida sobre todo en lo que respecta a derechos fundamentales como son la educación, los transportes, la vivienda o la sanidad; y para eso están los servicios públicos.
Lo primero y más importante es que todos nosotros somos usuarios y compradores de bienes y servicios, y aunque algunos sean vendedores de algún bien también son compradores de todos los demás. Es por eso que la búsqueda del bienestar económico en una sociedad privilegiada económicamente como la nuestra reside en la búsqueda de una mejor condición para los usuarios o compradores. Porque si tú liberalizas la educación, por poner un ejemplo drástico con el que todos estamos faliriazados, convirtiéndolo en el mercado de la educación, estás ayudando a incrementar aún más la diferencia entre quienes pueden costearse el producto y quienes no llegan al nivel económico que puedan exigir los vendedores. El producto a comprar es la educación de tus hijos. No es lo mismo eso que contemplar la educación como un servicio público al que tienen derecho a acceder por igual todas las personas.
En la teoría económica, la liberalización es positiva porque la competencia entre empresas para ofrecer un producto provoca la irremediable rebaja de precios del producto, que se hace accesible a la mayoría de ciudadanos que pueden coprarlo. Sin embargo, no olvidemos nunca que vivimos en un mundo real, con gente más poderosa que otra, y que esa gente poderosa puede tener los recursos para dominar el mercado. Es lo que ocurre con los monopolios y los oligopolios. La competencia perfecta por ofrecer un producto y que baja los precios apenas existe tal y como lo etablece la teoría económica. Por ejemplo, si vas a esquiar a Granada, en el pueblo vas a coger el telecabina que lleva a la estación de esquí y te das cuenta de que ese telecabina cuesta más de cuarenta euros al día por persona. No hay que ser un lumbreras para saber que lo que le cuesta a la empresa que gestiona ese telecabinas (no sé si es pública o privada, en este caso lo mismo da ya que estamos hablando ahora de la competencia) transportarte a la estación un día ni se acerca a cuarenta euros. Los beneficios que sacan son exhorbitados, y ¿por qué? Porque no hay otra emprea que pueda ofrecer un telecabinas, así que se puede permitir el lujo de marcarse abusos económicos como esos que, a largo plazo, ayudan a fortalecer el cliché de que los pobres no esquían, porque es un deporte de ricos.
Pongamos el ejemplo de Tussam, aquí en Sevilla. Yo soy cliente habitual de Tussam y me muevo diariamente en sus autobuses. Ante la crisis económica del ayuntamiento de Sevilla, ciertos mandamases presionaron mucho porque Tussam debía ser privatizada "para no suponer un gasto excesivo al ayuntamiento y que así los ciudadanos no se viesen afectados por su escaso poder económico". Lo primero es que el ayuntamiento de Sevilla tiene poder económico de sobra para mantener Tussam como transporte público, pero es evidente que ante los derroches de dinero estúpidos y los regalos y los favores necesitaban un chivo expiatorio para tener contentos a su críticos. ¿Qué pasa? Pues que se privatizó Tussam e inmediatamente se despidió a una cantidad brutal de personal, tanto conductores como limpiadores como técnicos; también se eliminaron algunas de las líneas, se redujo el número de autobuses, se redujo el servicio nocturno hasta la broma que es ahora y se dejó de mantener durante mucho tiempo las pantallas informativas. ¿Y por qué? Porque no eran productivas. ¿Y por qué no eran productivas? Porque no generan beneficios económicos pues no era su función generar beneficios económicos a la empresa sino ofrecer un servicio público. Por eso, ahora las líneas "no productivas" se han eliminado y se ha reducido el número de autobuses para que resulte más productivo,es decir, para que los de siempre ganen más pasta porque saben que nosotros vamos a seguir usando sus autobuses.
En los últimos años se han liberalizado en España una serie de mercados con el objetiv de aumentar la competencia y bajar los precios, pero en el mundo real los poderosos se benefician de la ausencia de regulación y así se han formado los monopolios de empresas como Campsa, Iberia, Telefónica o las compáñías eléctricas y de combustibles fósiles que pactan los precios entre sí. Y hoy esos servicios son en España más caros de lo que lo son en otros países "privilegiados" de la UE (como Internet, en España se paga de media un 20% más por internet que en los demás países de la UE). Dijeron que liberlizaban para bajar los precios y ha ocurrido justo lo contrario, como dijo el portavoz de Consumidores en Acción: "en todos los sectores donde un gobierno de España ha puesto la mano de la liberalización, al usuario se le ha perjudicado enormemente".
El discurso neoliberal ha fracasado. El mercado no se regula mejor cuanta menor sea la intervención de la autoridad del Estado. Al final, como siempre, todas estas medidas sirven para profundizar más en la penosa realidad de que son los poderosos quienes se benefician, mientras que los ciudadanos de a pie son los que salen perjudicados. Y eso, sinceramente, no es una democracia.

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