Las políticas liberales de ajuste económico del Gobierno del PSOE, aparte de constituir una lesión de los derechos sociales, son completamente ineficaces, pues no producen empleo. ¿Entonces por qué se han llevado a cabo estas políticas económicas? La respuesta es muy sencilla. En los últimos años ha cobrado mucho poder a nivel internacional una ideología ultraliberal que se ha fomentado entre los círculos de poder y que se basa en la reducción del ámbito público a favor del ámbito privado, es decir, la subordinación de la política a la economía. De ahí que muchos autores, economistas y políticos liberales hayan escrito artículos, libros y hayan dado conferencias en los últimos años sobre la reducción de la política y los “límites de la democracia”. Esos grandes economistas liberales son los que están imponiendo a los políticos las medidas económicas de ajuste. Por lo tanto, podemos hablar de que ha dado inicio una brutal guerra ideológica, la guerra entre la democracia y los mercados.
Los mercados son muy poderosos, su mayor arma es que sin que nadie les haya elegido ni votado se encuentran en situaciones de poder muy ventajosas desde las que imponen a los estados y a los políticos las medidas económicas que tienen que llevar a cabo. El bando contrario, el de la democracia, está en una posición de desventaja pues, aunque es mucho más amplio (pues está conformado por el total de la ciudadanía), sus filas se encuentran en una posición de desventaja. Esto es porque la mayor arma del bando de la democracia era precisamente la política, es decir, la herramienta del pueblo para gestionar los recursos y autogobernarse. Sin embargo, la política ha sido corrompida por un cáncer: los políticos profesionales, es decir, la clase política poderosa que ya no representa a la ciudadanía pues se ha acomodado en su posición de poder y se dedica a luchar por mantenerla. Esos políticos profesionales, que constituyen la clase política, se han vendido a los mercados y han impuesto a la ciudadanía las medidas económicas que el bando contrario ha elaborado.
¿Cómo puede contraatacar la ciudadanía? Mostrando su desencanto y su rebeldía contra esos políticos: voto en blanco, manifestaciones, huelgas, movilización. La ciudadanía debe arrebatarles la política a los políticos y volver a hacerla un instrumento del pueblo para gestionar los recursos y autogobernarse. Es crucial que el pueblo reconquiste la política parar revivir la democracia y vencer a los mercados, porque mientras no lo haga seguirán habiendo unos pocos que manden sobre muchos y les impongan unas medidas impopulares que el pueblo no quiere. La democracia no debe perder la batalla, hay que participar más en la sociedad, debemos manifestarnos, rebelarnos, arrebatarles la política y usarla contra ellos. Debemos ganar esta batalla.
Los mercados son muy poderosos, su mayor arma es que sin que nadie les haya elegido ni votado se encuentran en situaciones de poder muy ventajosas desde las que imponen a los estados y a los políticos las medidas económicas que tienen que llevar a cabo. El bando contrario, el de la democracia, está en una posición de desventaja pues, aunque es mucho más amplio (pues está conformado por el total de la ciudadanía), sus filas se encuentran en una posición de desventaja. Esto es porque la mayor arma del bando de la democracia era precisamente la política, es decir, la herramienta del pueblo para gestionar los recursos y autogobernarse. Sin embargo, la política ha sido corrompida por un cáncer: los políticos profesionales, es decir, la clase política poderosa que ya no representa a la ciudadanía pues se ha acomodado en su posición de poder y se dedica a luchar por mantenerla. Esos políticos profesionales, que constituyen la clase política, se han vendido a los mercados y han impuesto a la ciudadanía las medidas económicas que el bando contrario ha elaborado.
¿Cómo puede contraatacar la ciudadanía? Mostrando su desencanto y su rebeldía contra esos políticos: voto en blanco, manifestaciones, huelgas, movilización. La ciudadanía debe arrebatarles la política a los políticos y volver a hacerla un instrumento del pueblo para gestionar los recursos y autogobernarse. Es crucial que el pueblo reconquiste la política parar revivir la democracia y vencer a los mercados, porque mientras no lo haga seguirán habiendo unos pocos que manden sobre muchos y les impongan unas medidas impopulares que el pueblo no quiere. La democracia no debe perder la batalla, hay que participar más en la sociedad, debemos manifestarnos, rebelarnos, arrebatarles la política y usarla contra ellos. Debemos ganar esta batalla.

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