miércoles, 14 de abril de 2010

LA CRISIS DE LA POLÍTICA

“Crisis: Situación de un asunto o proceso cuando está en duda la continuación, modificación o cese”. En los últimos años se suele emplear mucho este término, con el que hacemos referencia a un período de tiempo en el cual se ha desarrollado un conflicto que perdurará mientras no cambie la situación actual. Estoy haciendo referencia, obviamente, a la crisis económica. Sin embargo, y siguiendo esta definición de crisis de la Real Academia Española, nos encontramos con que en la actualidad se está desarrollando un amplio abanico de crisis, cuya existencia o importancia varían según a quién le preguntes. Es decir, la Iglesia Católica nos habla de una crisis moral, una crisis de la fe, mientras que la derecha conservadora mantiene la existencia de una crisis de los valores familiares y la izquierda afirma una crisis del verdadero socialismo. Así, si me preguntan a mí, prefiero darle importancia a la que veo como la “crisis política”, la cual amenaza claramente con romper en pedazos lo que conocemos hoy como la práctica política.

¿A qué me refiero con la crisis política?:

Últimamente se concibe la política como un “conjunto de señores y señoras que hablan mucho, hacen poco y se llenan los bolsillos por el camino”, lo cual provoca el creciente cansancio del pueblo, cansancio que se refleja día a día en la pérdida masiva de confianza por parte de los ciudadanos hacia la “clase política”. Esta pérdida de confianza está provocando la cada vez mayor desvinculación del pueblo hacia la política, por lo que, si esto sigue así, podríamos llegar a vislumbrar un día en el que la política esté tan alejada del pueblo que éste no se vea representado por ella, por lo que podría producirse una “revolución” (por supuesto en un sentido contemporáneo y no violento de la palabra”) popular contra la clase política.

Este día está más cerca de lo que parece, y para evitarlo ya se han iniciado en distintas partes del mundo proyectos precipitados (aunque poco eficaces) para acercar la política a la ciudadanía sin cambiar los pilares sobre los que se sostiene la misma. Es decir, que para evitar una situación de riesgo, la política pretende adaptar al pueblo a ella, en lugar de adaptarse ella al pueblo

Así, es esta nueva concepción de la política por parte del pueblo la que ha generado la crisis política, sin embargo, ¿cuáles son las causas de que la política sea ahora vista de forma distinta? ¿Cuáles son los motivos de su cambio? El más importante de todos es sin duda un mal planteamiento del ejercicio político por parte de los “profesionales” de este sector (es decir, la clase política).

Planteamiento erróneo del ejercicio político:

Hace algunos años, en España, se concebía la política como una herramienta de la izquierda para oponerse al régimen franquista. Luego, la política pasó a ser la herramienta que usaba el pueblo para autogobernarse, mediante una serie de medidas democráticas protegidas por un régimen constitucional. Pero desde entonces hasta ahora ha vuelto a sufrir un cambio. Ahora la política es concebida por aquellos que la ejercitan, no como una herramienta popular, sino como un negocio, un oficio o una empresa familiar. Así, tras este cambio, aquellos que ejercitan la política pasan de ser “el pueblo” a ser una “clase política”, es decir, unos pocos bien situados que, bajo el pretexto de actuar por el bien común, sacan beneficio de su posición.

Por lo tanto, para salir de la crisis política en la que nos vemos inmersos y evitar así la situación de riesgo que pueda generarse tras el desencanto general hacia la práctica política, debemos llevar a cabo un replanteamiento urgente del proceso político. Es decir, dejar de concebir la política como un negocio, una práctica lucrativa o un juego hipócrita de “élite” para concebirla de nuevo como una herramienta popular.

Así, para replantear la política, se deben llevar a cabo una serie de procesos, simplificados en dos pasos fundamentales:
1. Dar fin a la competencia política (que es la que alimenta el sistema actual) reflejada en el “juego político” llevado a cabo entre los partidos “catch-all”, volviendo así a los “partidos obreros” (es decir, partidos herramienta del pueblo).
2. Dejar de concebir una élite política, formada en el individualismo y los intereses personales, para así acercar la política al pueblo. Es decir, ésta no puede llegar al pueblo mientras su monopolio lo tenga una élite política formada para ello.

Competencia política – la crisis reflejada en los catch-all:

La aparición en la era moderna de los partidos obreros fue la mayor revolución en el mundo de la política, pues supuso la entrada del pueblo llano en el terreno político. Así, los partidos políticos nacieron como herramienta del pueblo para participar en la política, que a partir de ahí se fue transformando y limitando con el paso del tiempo su ejercicio a estos partidos, de forma que actualmente cualquier ciudadano debe entrar a formar parte de uno para participar en la política. Sin embargo, la situación actual presenta una característica especial, un factor de cambio, los partidos de obreros han desaparecido del espectro político, dejando paso a sus sustitutos legítimos, los partidos catch-all.

Los partidos catch-all (en español, partidos atrápalo-todo) son los llamados “partidos de masas”, es decir, partidos que tienden a ocupar la inmensa mayoría de los votos, al estar situados más en el centro y, por lo tanto, al ser más afines a la mayoría de los ciudadanos. Como tienden a situarse en el centro, los partidos catch-all fomentan el bipartidismo, convirtiendo el partidismo político en un conflicto de bloques entre el centro-izquierda y el centro-derecha. Estos bloques son bastante similares entre sí en cuanto a la práctica política (salvando sus diferencias ideológicas naturales), sin embargo se hayan en pleno conflicto por conseguir la gran mayoría de votos y gobernar el Estado. Así, los partidos han pasado de ser herramientas ciudadanas a ser bloques que compiten entre sí por el poder político. Este clima político de competición trae consigo un factor de vital importancia para el tema que nos abarca: la política comienza a ser vista por aquellos que la ejercen como un negocio y no como un proceso ciudadano para defender posturas y opiniones diversas, generándose así la llamada clase (o élite) política.

Además, es precisamente el hecho de que la política sea vista como en negocio familiar, una especie de empresa lucrativa, lo que provoca la corrupción y la ineficacia política, ya que el objetivo principal de un político profesional es el de ganar dinero, ya que la política es su profesión, que es además muy lucrativa. Así, el motor de todo este proceso es la avaricia, la ambición y la sed de poder de la que se ha alimentado la política todos estos años gracias a estos profesionales que la ejercen principalmente en su beneficio propio.

La importancia de la educación:

Para lograr un replanteamiento positivo de la política es vital el papel de la educación. No me refiero solo a un fomento de la educación (que está en declive en el sistema español), sino a reformar ciertos aspectos de la misma para que incluya un nuevo aspecto, la educación cívica. Lo básico para volver a la política como herramienta del pueblo es educar y concienciar a las personas como ciudadanos, y no como individuos apolíticos. Esto es lo que se pretende con, por ejemplo, la implantación de la asignatura “Educación para la ciudadanía” (aunque el planteamiento llevado a cabo para esta en los institutos es otro tema). Debe fomentarse la participación ciudadana en las ciudades, para lo cual lo más óptimo es llevar a cabo procesos de participación en núcleos pequeños (barrios o distritos), fomentando los valores republicanos de ciudadanía activa, democracia directa y participación. Mediante estas reformas se logrará, con el tiempo, cambiar, por un lado, la perspectiva del ciudadano hacia la política (pues la concebirá como un proceso mediante el cual verdaderamente logra unos fines sociales), y por otro lado, cambiar la política misma, pues el panorama político se verá afectado por los procesos ciudadanos de participación, y así la política deberá adaptarse a la ciudadanía, que evolucionará políticamente más rápido.

Conclusión:

La ambición personal y el individualismo imperante en nuestra sociedad son los motores que provocan la evolución de los partidos de masas en partidos catch-all, y así, el proceso de cambio de la política. Se crea de esta forma una clase política (formada además para ello en las universidades) que participa en el juego de competición entre los partidos, un juego donde no se construye democracia ni se lucha por un futuro, sino un juego donde se alaban las habladurías, las réplicas ingeniosas, la demagogia y el insulto. Queda la política relegada así a una especie de teatro o circo que mantiene al pueblo alejado del verdadero debate socio-político mientras que los de siempre se llenan los bolsillos.

Es decir, y para terminar, la crisis de la política es una crisis provocada por el enfrentamiento entre partidos catch-all (bloques profesionales) y fomentada por élites políticas ambiciosas y educadas de forma incorrecta. Así, la crisis política sigue un proceso de retroalimentación, haciendo imposible el salir de ella a no ser que se lleven a cambio medidas para reestructurar el sistema desde cero, cambiando la forma concebida de hacer política.

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