NIMBY es el acrónimo de la frase “Not In My Back Yard”, es decir, “No en mi patio trasero”, y se usa para describir la actitud de los que apoyan algo, pero siempre que no les toque de cerca. Generalmente, el término sociológico “efecto Nimby” se suele emplear en relación a problemáticas ambientales.
Este efecto se está dando estos últimos días en España con relación a la temática de los cementerios nucleares: ciertos mandatarios públicos pro nucleares se han mostrado recientemente en contra de esta iniciativa al contemplar la posibilidad de que estos cementerios se sitúen en sus propias comunidades autónomas. Carlos Bravo, portavoz de Greenpeace en España, es quien ha declarado públicamente que Cospedal sufre el síndrome Nimby. Bravo declara también que hay una gran hipocresía al respecto entre las filas del PP, pues Rajoy antes se afirmaba completamente a favor y ahora mantiene no tenerlo tan claro, a la vez que Cospedal ahora no quiere el cementerio nuclear en su comunidad autónoma. Recientes sondeos de opinión muestran que la gente no quiere vivir cerca de la basura radiactiva y eso es algo que los políticos han captado cuando les iba en juego sus propios votos.
En mi opinión, el “efecto Nimby” no es más que otra muestra de la hipocresía política de una clase profesional que reniega de ideologías y centra su actuación política en guardar las apariencias para así mantener su cargo público (y seguir ganando dinero, que es el objetivo del político profesional). Para estos mandatarios públicos del PP que se habían manifestado a favor de la energía nuclear no es ningún problema manifestarse en contra a última hora, ya que su ideología y sus valores están aparcados de lado y solo les mueven intereses profesionales y económicos, es decir, se declararon a favor para mantenerse acordes a la ideología del partido y ahora se manifiestan en contra para evitar un escándalo en su propia comunidad que ponga en peligro su puesto profesional. Un político profesional tiene una escala de valores en la que se encuentra muy alto el guardar las apariencias con el partido político que te mantiene en tu cargo, aunque la cúspide de esta escala de valores está en evitar todas aquellas crisis que pongan tu sueldo en peligro.
lunes, 3 de mayo de 2010
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