La política se está desvinculando cada vez más del pueblo, es algo innegable. Este problema se nos plantea complejo, pues como la distancia entre los intereses de los políticos (y poderosos) y los intereses del pueblo siga haciéndose cada vez más grande llegará un momento en el que nos encontremos ante un régimen autoritario disfrazado de democracia, y además será totalmente legal. En mi opinión, para evitar esta situación debe reformarse y modernizarse el concepto que entendemos hoy por política, y esto, siempre desde mi punto de vista, debe llevarse a cabo mediante la reforma de varios conceptos políticos esenciales, él más importante de estos conceptos es a la vez el más general, el concepto de democracia:
El concepto de democracia es muy relativo. En la teoría, la democracia es el gobierno del pueblo, aunque en la práctica no creo que sea mucho más que votar cada cuatro años qué partido quieres que siga ostentando el poder político. Si hubiera una cantidad de partidos políticos de forma que todas las ideas y pensamientos estuviesen representadas, pues mira, pero siendo dos los partidos mayoritarios que se alternan en el poder, pues no encaja. La democracia se legitima mediante la soberanía popular, pues el pueblo vota el partido que defienda sus ideas y por lo tanto el pueblo se autogobierna, sin embargo dudo muchísimo que el pueblo se sienta de verdad soberano, sobre todo cuando la herramienta del pueblo para hacer la ley, la “iniciativa legislativa popular”, tiene una importancia prácticamente nula. Veo en la democracia una herramienta teórica muy poderosa, sin embargo el pueblo no ejerce esa herramienta sino que permanece impasible mientras que los que dicen actuar en su nombre la desprestigian. Para que el pueblo tenga una participación más activa en la sociedad, lo primero es hacer que sea consciente de que tiene esa herramienta, lograr que deje de limitarse a leer la política en los periódicos y telediarios y que se decida a participar en ella. Sólo con un índice alto de participación popular estaremos ejerciendo nuestro uso de la democracia.
Las herramientas esenciales del pueblo para participar en la democracia, en nuestro régimen representativo, son los partidos políticos, sin embargo dudo mucho que una democracia pueda funcionar cuando estas herramientas son en sí mismas tan poco democráticas, y tan sectarias. Luego está el problema del bipartidismo, y pasamos a hablar, no de una multitud de partidos que reflejan las ideas del conjunto de ciudadanos, sino de dos bloques políticos, no muy distintos en la práctica, que se alternan en el poder. Por lo tanto, cuando esto es así tiende a aumentar el número de gente que se afilia a los partidos políticos, no por el sentimiento de participar en la comunidad, sino por la ambición de participar en el reparto del poder. Lo primero que debe darse en un sistema de democracia representativa es unas herramientas democráticas, es decir, partidos, que realmente reflejen la diversidad de pensamiento de la ciudadanía, y que faciliten y apoyen la participación de la misma.
Y si este sistema de democracia representativa falla y desemboca inevitablemente en el bipartidismo y la ambición política, pues digo yo que habrá que buscar otras salidas. Podríamos plantearnos posibilidades para llevar a cabo de forma lógica un sistema donde tenga más cabida la democracia directa; por ejemplo, asambleas de ciudadanos que viven en núcleos pequeños (barrios, distritos…) que puedan incidir en las decisiones que afecten a su comunidad (un buen ejemplo de esto son las asambleas de barrio y distrito de los Presupuestos Participativos llevados a cabo por Participación Ciudadana en Sevilla). Pero esta es sólo una de las posibilidades, el caso es que este sistema de democracia no puede estar funcionando, sobre todo cuando la democracia acaba limitándose a ser simplemente una competición de bloques donde todo vale, pues en política se suele hablar mucho del respeto al rival, y la palabra “rival” es un término de competición claro que refleja claramente el juego político; y yo, personalmente, entiendo democracia como “participación”, y no como “competición”.
Hay una serie de factores ligados a la democracia que deben tomar relevancia en un sistema democrático que quiera destacar por su carácter social e igualitario. De entre estos factores, algunos de los más importantes son “ciudadanía”, “participación”, “republicanismo” y “ámbito público”.
Ciudadanía: No podemos olvidar nunca que la ciudadanía es el motor de la democracia. Sin embargo, para que un individuo se convierta en ciudadano se deben dar tres circunstancias debe existir una relación entre el propio individuo y el Estado. Además, esa relación queda obsoleta si no hay además un sentimiento común de participación ciudadana. El propio Estado debe facilitar a los individuos las herramientas para convertirse en ciudadanos. Sólo fomentando el sentimiento cívico se puede dar un fundamento óptimo a la democracia, que es en esencia un régimen político donde todos, en igualdad de condiciones, participamos en nuestra sociedad y de nuestra sociedad.
Participación: Con participación nos referimos al proceso a través del cual los ciudadanos se involucran en la política, entendida ésta no como una profesión partidista, sino como la herramienta ciudadana mediante la cual los miembros de una comunidad se gestionan. Como ya he señalado, el problema de la participación es cuando se quiere llevar a cabo en grandes espacios, tendiéndose a generar un sistema de representación. Sin embargo, si la participación se lleva a cabo en pequeñas comunidades o pequeños núcleos de población se puede llevar a cabo un sistema democrático más eficiente a través del cual los ciudadanos toman partido directo en las decisiones políticas que les afectan. Este proceso, a la hora de llevarlo a un ámbito más grande, debe hacerse casi por fuerza representativo, aunque deben ser representantes elegidos directamente por los ciudadanos y no debe perderse esa base de elección directa comunal.
Republicanismo: Me refiero a Republicanismo no cómo movimiento para la caída de la figura del Rey, que es como suele verlo la mayoría, sino como ideología y pensamiento político moderno que propugna la completa implicación del ciudadano en la gestión política de la comunidad. Como contraposición a otras líneas de pensamiento político, como el liberalismo, el nacionalismo o el socialismo, el republicanismo hace especial hincapié en el desarrollo de la democracia, pero una democracia igualitaria y social. Efectivamente, una de sus ideas más características es que en una democracia plena no puede tener cabida una Jefatura del Estado hereditaria por línea sucesoria en una familia concreta, independientemente de lo adecuado que consideremos el trabajo llevado a cabo por dicho Jefe del Estado. Igualmente, debe fomentarse una más continuada rotación de cargos públicos, que no deben de dotar de tantas ventajas a quienes los ostentan, para así garantizar plenamente este factor democrático que es la participación de la ciudadanía.
Ámbito Público: Para llevar a cabo una solución al problema político que se nos presenta, no podemos obviar lo arraigado que está el pensamiento individualista en nuestra sociedad. Es ese individualismo el que fomenta la aparición de una clase política profesional y que provoca el desencanto del pueblo hacia la práctica política. Ese individualismo es la base de una tendencia de pensamiento político y económico, el liberalismo (o neo-liberalismo si lo llevamos al ámbito contemporáneo), basado en el libre mercado y en el fomento del sector privado sobre el sector público, es decir, propugna la privatización de servicios públicos. El Estado liberal es un Estado interventor, cuya mano está fuertemente limitada para dejar lugar al desarrollo de la libre personalidad individual. En un Estado donde tengan fuerza los conceptos propuestos tal y como los estoy definiendo, el Estado ganará fuerza democrática y así legitimidad para no limitarse como interventor, sino ser Estado-gestor, es decir, un Estado que gestione los servicios públicos y sociales para evitar así desigualdades. Personalmente, yo considero esencial este aspecto para conseguir una igualdad de derechos plena.
jueves, 20 de mayo de 2010
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