miércoles, 26 de mayo de 2010

CAPITALISMO, SOCIALISMO Y LIBERALISMO

Escribo esto, ayudándome de manuales y un diccionario de sociología, porque la gente, al desvincularse totalmente de la política y todo lo que conlleva (especialmente la población joven), se desvincula también de conceptos esenciales para entender la evolución de su propia sociedad. Por ello creo conveniente poner mi granito de arena en acercar un poco de cultura política básica a aquellas personas que siempre dicen “¿política?, a mí eso no me gusta; yo no sé de eso”. Como tampoco quiero explayarme, me voy a centrar en los tres aspectos de la política que considero más esenciales y que todo el mundo debe conocer: capitalismo, marxismo y liberalismo.

La política, tal y como la entendemos hoy, nació cuando, a finales del siglo XVIII, la clase burguesa se levantó contra la tiranía del poder absolutista de la monarquía y la aristocracia. Esa burguesía, ya en el poder, instauró un sistema político y económico que le resultaba favorable, el liberalismo, llamado así porque se basaba en la liberalización de la economía para que ésta no estuviese controlada por el Estado (sino por la propia burguesía), esto supuso el impulso y auge de los bancos y las empresas privadas y el desarrollo económico que desencadenó la Revolución Industrial. La burguesía se había convertido en la clase dominante de un sistema basado en el libre mercado y la libertad individual. En este sistema, que favorecía al que era más fuerte económicamente, el empresario era libre de imponer las medidas que creyese oportunas sobre sus trabajadores para aumentar la productividad y las ganancias (como medidas entiéndase salarios mínimos, explotación infantil, condiciones laborales marginales, etc.). En este sistema en que los trabajadores eran una simple herramienta empresarial, surgió la conciencia de clase entre los más humildes. La sociedad se dividió así en dos bloques: proletarios y burgueses, es decir, nace la lucha de clases. El movimiento obrero usó herramientas como la huelga y la protesta para reivindicar mejoras sociales y laborales, así como la igualdad de clases. Este movimiento se consolidó gracias a la labor de una serie de teóricos, a la cabeza de los cuales se encontraba Karl Marx, quien llamó “capitalismo” a esta sociedad liberal burguesa de conflicto social. Los obreros inventaron herramientas para entrar en la política liberal y así se creó el sistema político que hoy conocemos, estas herramientas son, en esencia, los sindicatos y los partidos políticos. Y así, en el siglo XIX, acabamos de contemplar el nacimiento de la izquierda y la derecha, representada en sus dos ideologías o tendencias naturales: socialismo y liberalismo.

Karl Marx parte de una perspectiva materialista (el modelo de producción configura mentalidades, instituciones y formas de vida) para distinguir entre la producción feudal (basado en la propiedad de la tierra y el trabajo servil dominado por la nobleza terrateniente) y la producción capitalista, cuyo factor principal es el capital, que se nutre del trabajo asalariado, dominado por la burguesía. Marx llega a la conclusión de que el capitalismo es inviable, pues son muchos los que sólo pueden aportar al mercado su trabajo (proletariado), por lo que no sacan beneficio del sistema mientras otros se enriquecen; esto llevará a que la clase obrera acabe con el capitalismo mediante la revolución y lo sustituya por una nueva forma de producción basada en la distribución social: primero, cada persona tendrá según su trabajo y esfuerzo, luego, cada persona tendrá según sus necesidades.


Hoy día, tras el derrumbe del socialismo real, el capitalismo se nos presenta con el nombre de economía de mercado como única forma racional de economía, pues según el dogma liberal, el mercado es la única forma racional de asignar los recursos. Desde su aparición hasta la actualidad, el socialismo ha experimentado gran cantidad de transformaciones y variaciones, siendo posiblemente la más importante la aparición de la social-democracia a partir del revisionismo marxista. Por otro lado, y en contraposición, el liberalismo ha evolucionado poco y ha sufrido pocos cambios, teniendo hoy las mismas bases y principios regidores, aunque se ha centrado más en su propio desarrollo, generando una masificación del libre comercio que ha desembocado en el consumismo. El pensamiento político liberal moderno se ha adaptado a los nuevos tiempos de democracia, convirtiéndose en neo-liberalismo, cuya principal característica a nivel político y económico es la privatización de servicios públicos.

Por otro lado, el socialismo marxista, desarrollado a partir de las teorías de Karl Marx, evoluciona en dos vertientes. Por un lado, la que recibe comúnmente el nombre de “socialismo”, una ideología política y movimiento social reflejado, por ejemplo, en el comunismo y la socialdemocracia. Por otro lado, la que entendemos hoy principalmente como “marxismo”, pensamiento político que se ha desarrollado en diversos campos académicos como la sociología, la historiografía y la politología. Aunque las concepciones contemporáneas de socialismo y marxismo están íntimamente relacionadas, el socialismo democrático actual no se define marxista, y el marxismo como pensamiento académico no se corresponde con el socialismo, que es únicamente una tendencia política. Así, el marxismo tiene una serie de características fundamentales:
 El individuo sólo existe y se comprende en su medio social, que se configura según la forma que tenga de conseguir los recursos necesarios para su subsistencia. Por lo tanto, el grupo antecede al individuo.
 El ser humano es un animal social condenado al trabajo, único medio por el cual garantiza su supervivencia.
 Materialismo: el ser humano desarrolla sus facultades y su cultura en el esfuerzo por satisfacer colectivamente sus necesidades materiales.
 El modo de producción condiciona el proceso social, político y espiritual.
 El marxismo relaciona entre sí todos los saberes y disciplinas al integrarlas en un mismo proceso de desarrollo histórico.

La explotación de la clase asalariada por la burguesía capitalista, la contradicción capital-trabajo y la tendencia a la disminución de la ganancia y a la concentración del capital en cada vez menos manos comportan una crisis de superproducción que hace inviable el capitalismo según el pensamiento marxista, sobre todo teniendo en cuenta el gran número de personas que sólo puede aportar al mercado el esfuerzo de su trabajo, es decir, el amplio número de la clase obrera.

En esta división que he realizado me falta comentar otra escisión o rama del socialismo, de vital importancia en la historia moderna. Comunismo es el concepto usado para calificar sociedades según un determinado tipo de acceso a la propiedad, clave del funcionamiento de la sociedad, pues actuando sobre este acceso a la propiedad podemos cambiar la sociedad de arriba abajo. En el comunismo primitivo no existía la propiedad privada. El comunismo anunciado por Marx para el futuro estaría caracterizado por el igual acceso a la propiedad de todos los individuos. En el comunismo anunciado por Marx se haría realidad al eslogan: “de cada cuál según sus capacidades, a cada cuál según sus necesidades”. En la II Internacional, los socialistas se dividieron entre revisionistas (socialdemócratas) y ortodoxos (comunistas). En la actualidad, se consideran comunistas todos aquellos regímenes y países que han establecido conexión con la revolución de octubre y con los postulados políticos de sus mentores ideológicos, y cuyos rasgos centrales han sido la implantación de un partido único (comunista), la expropiación de la propiedad privada y la industrialización masiva. De aquí la idea de que poco tiene que ver el comunismo marxista con la concepción moderna que se tiene hoy de comunismo, alimentada por una serie de regímenes contemporáneos.

El capitalismo se traduce en el ámbito social como la desigualdad de clases. Según esta perspectiva clásica, el individuo es libre de poner los sueldos de sus empleados a placer, así como sus horarios y condiciones de trabajo, esto genera una gran desigualdad entre la clase empleadora y la clase asalariada. Esta perspectiva individualista enmarcada en el capitalismo se traduce en la actualidad en una serie de políticas neo-liberales que, como el capitalismo definido desde el marxismo, provocan la desigualdad entre clases. Si concebimos ciertos servicios públicos como empresas y aplicamos políticas neo-liberales, nos encontramos con un panorama similar al del conflicto capitalista entre burguesía y proletariado. Es decir, si la sanidad es vista como una empresa privada (y no como un servicio público), el jefe del hospital es un empresario y no un médico (su prioridad no es salvar vidas sino ganar dinero, acumular capital) y pondrá precios a los servicios de su empresa, por lo que únicamente las personas que puedan costearse los servicios de dicha empresa gozarán de una adecuada asistencia sanitaria, lo cual genera claramente una distinción amplia entre clases, entre la clase adinerada que pueda costearse los servicios de estas entidades privadas y la clase baja que vivirá un descenso de su calidad de vida debido a no poder costearse determinados servicios que deberían estar asegurados a todos en un “Estado social y de Derecho”. Lo mismo puede aplicarse a otros ámbitos, como la educación. Por lo tanto, el viejo conflicto del capitalismo en cuanto a lucha de clases aún está vigente, bajo mi punto de vista, y lo estará siempre mientras sigan vigentes determinadas políticas y medidas sociales y económicas que antepongan la ganancia personal y la acumulación de capital al interés general y al bienestar social.

En definitiva, la esencia del capitalismo sigue vigente en la actualidad como lucha de clases, reflejada en las diferencias que surgen entre el sector de la población que puede costearse servicios privados y el que no puede. Estos servicios privados son producto de las políticas neo-liberales de privatización de los servicios y garantías sociales.

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