Síntesis del trabajo realizado por Carlos Campanario y Gonzalo Sola para la asignatura “Historia de los Movimientos Sociales y Políticos”.
El movimiento obrero, que busca el bienestar de la clase trabajadora, nace en el siglo XIX, durante el auge del industrialismo liberal basado en el sistema de producción capitalista y en contraposición con la clase burguesa liberal. El nacimiento de la clase obrera como tal está condicionado por las insalubres condiciones de vida de la misma, la constante situación laboral de explotación y la conciencia de clase. Todo fomentado por la relación de dominación que mantenía la clase burguesa liberal sobre la clase obrera, sometida a los deseos y condiciones impuestos por aquella. Aunque es en este marco histórico cuando nace el movimiento obrero como tal, ya antes existían situaciones de dominación entre dos clases opuestas: una de ellas “dominadora” y otra “dominada”. Estamos hablando de la lucha de clases a lo largo de la historia.
Igualitarismo y corrientes de pensamiento:
Para la formación de la identidad de clase fue vital la cristalización de esas circunstancias en que se encontraba la clase obrera en teorías que tenían su sustento en el concepto de igualdad, es decir, en el igualitarismo: aquella idea política que sostiene que todas las personas deben ser tratadas como iguales y para ello han de poseer iguales derechos políticos, económicos, sociales y civiles. Así, los catalizadores del movimiento obrero se nos presentas en tres grandes grupos:
Socialismo utópico: Promovía reformas sociales y mejoras de las condiciones de vida de los trabajadores, auque sin tratar el tema desde una perspectiva científica. Según Marx, las ideas del socialismo utópico son aplicables a núcleos pequeños, pero imposibles de aplicar a grandes civilizaciones y sociedades.
Socialismo científico: También denominado marxismo. Es el conjunto de doctrinas políticas y filosóficas derivadas de la obra de Karl Marx y Friedrich Engels. El componente revolucionario del marxismo es la inclusión del estudio de las masas en la sociedad. Marx abogaba por el fin del sistema de producción capitalista mediante la revolución de la clase dominada (proletariado). El sistema de producción capitalista es el germen de la desigualdad social.
Anarquismo: Es una filosofía política y social que llama a la oposición y abolición del Estado y por extensión, de toda autoridad, jerarquía o control social que se imponga al individuo.
Internacionalismo, expansión y división:
El movimiento obrero comienza su expansión social cuando las diferentes tendencias van adquiriendo peso, debido a la masificación de sindicatos, partidos obreros, etc. En un corto período de tiempo, el movimiento obrero se ramifica en tendencias separadas. En este momento se da una paradoja, y es que el aumento y expansión del obrerismo no reduce el avance del liberalismo como cabría de esperar, sino que es en este mismo período de tiempo es cuando se lleva a cabo la expansión del capitalismo liberal, con la II Revolución Industrial y la fertilización del Imperialismo. En la Segunda Internacional se produjo una nueva escisión dentro del movimiento: socialdemocracia y comunismo (revisionistas y ortodoxos). Ambas tendencias abogan por el empleo del partido como herramienta para entrar en política. Prolifera la acción política como dirección del movimiento obrero y los partidos obreros se convierten en la vanguardia de éste. Así, desde el propio movimiento obrero se “prostituye” su origen, es decir, el movimiento obrero acepta las reglas políticas del juego liberal para reformar el mismo internamente.
Leninismo y Revolución:
¿Por qué la revolución proletaria igualitarista triunfa en Rusia y no en Inglaterra, tal y como predijo Marx? ¿Por qué la revolución rusa igualitarista no triunfa tal como fue concebida en su origen?
La Revolución Rusa supuso el tránsito de un Estado feudal de vasallaje hacia un Estado igualitarista. La idea originaria de Marx era derrocar el sistema de producción capitalista, es decir, acabar con el liberalismo económico. Por tanto, se puede observar cómo en la doctrina marxista se plantea el cambio de liberalismo a comunismo, pero en ningún caso se plantea el paso de sociedad feudal a sociedad igualitaria.
La causa de que la revolución rusa fuese tan insurrecta y violenta radica en las férreas condiciones de dominación existentes. La mayor parte de la población pertenecía a las clases populares, que se encontraban bajo una férrea situación de dominación, lo cual justifica que el pueblo auspiciara la revolución. En la historia moderna, siempre que la distancia que separa dominantes de dominados está tan acentuada, las clases dominadas tienden a sublevarse al poder impuesto por la vía revolucionaria.
La reestructuración organizativa que hace Lenin en el Partido Bolchevique originó una fuerte centralización del partido y una gran concentración del poder, lo que conlleva en parte una desvirtuación del origen igualitarista del movimiento obrero. Es decir, ¿cómo se pretende una Revolución en pos de la igualdad si el motor fundamental de la misma es totalmente desigual? Por consiguiente, esa revolución igualitarista se rompe en el momento en el que una cúpula partidista establece un sistema desigual.
Construyendo un Estado social y democrático:
Por otro lado se desarrolló la socialdemocracia europea, cuya característica singular es pretender reformar el sistema liberal desde dentro, modificando así el liberalismo originario con medidas de seguridad social, economía mixta y sufragio universal, entre otras, pretendiendo mantener un orden basado en la justicia social, la dignidad humana y el gobierno del pueblo. El movimiento obrero se ha servido de la socialdemocracia para adaptar el sistema liberal en la construcción de un Estado Social. En su marco histórico, tras dos Guerras Mundiales, la construcción de la democracia y del Estado Social por parte del movimiento obrero hubo de adaptarse al Estado de Derecho ya implantado. Estamos hablando del nacimiento del Estado de Bienestar. El Estado actual del Bienestar nunca puede ser igualitarista a causa de su base liberal, esta es: laissez-faire, laissez-passer (dejar hacer, dejar pasar). Es por ello por lo que nos cuestionamos qué hubiera ocurrido si ese contexto histórico hubiera sido distinto y favorable.
Conclusiones:
Los movimientos obreros, así como los pensamientos socialistas y de izquierdas que los fundamentan, son quienes han construido las herramientas históricas necesarias para crear la democracia. Sin embargo, hoy encontramos un error en todo esto, algo que no cuadra: la democracia imperante es de carácter liberal, y el Estado de Derecho (fundamentado en las doctrinas liberales de economía de libre mercado) se sobrepone al Estado Social. El liberalismo ha hecho suya la democracia de forma independiente, algo muy hipócrita si consideramos que desde el inicio del liberalismo, éste ha implementado políticas que menoscaban esta construcción de democracia social, que se ha convertido a día de hoy en democracia liberal. Hay un componente en este apoderamiento indebido liberal de la democracia que es muy importante recalcar: la propia desvirtuación del movimiento obrero, basada en el triunfo del individualismo y la pérdida de protesta y crítica social. Todo esto provoca la crisis de la identidad colectiva, pues cada vez más el pensamiento de grupo está siendo sustituido en todos los ámbitos de la vida por un pensamiento individualista, basado en el egoísmo y la persecución del interés propio.
Del estudio de la Revolución Rusa y de la reforma del partido por parte de Lenin hemos aprendido que no se puede pretender crear un sistema igualitario si las herramientas para ello son partidos donde reina la desigualdad e impera en muchos casos la arbitrariedad. Sin embargo, ahora se nos plantea una contradicción, pues ese es el caso de los partidos obreros actuales, donde impera una fuerte jerarquía interna que pone en duda su carácter democrático. ¿Es una verdadera democracia aquella en las que las herramientas del ciudadano para entrar en política se estructuran mediante principios tan poco democráticos?
Actualmente vemos una revitalización de las ideas que fundamentaron el auge del movimiento obrero en campos diversos (ecologismo, pacifismo, movimientos antiglobalización), donde vuelven a tener vigencia y un espíritu renovado y, quizás, de esta forma, puedan volver a impulsar de nuevo un cambio tan importante en nuestra sociedad. Así pues, sólo nos queda realizar la siguiente pregunta: ¿Quo vadis mundo?...
sábado, 8 de mayo de 2010
lunes, 3 de mayo de 2010
EL SÍNDROME NIMBY
NIMBY es el acrónimo de la frase “Not In My Back Yard”, es decir, “No en mi patio trasero”, y se usa para describir la actitud de los que apoyan algo, pero siempre que no les toque de cerca. Generalmente, el término sociológico “efecto Nimby” se suele emplear en relación a problemáticas ambientales.
Este efecto se está dando estos últimos días en España con relación a la temática de los cementerios nucleares: ciertos mandatarios públicos pro nucleares se han mostrado recientemente en contra de esta iniciativa al contemplar la posibilidad de que estos cementerios se sitúen en sus propias comunidades autónomas. Carlos Bravo, portavoz de Greenpeace en España, es quien ha declarado públicamente que Cospedal sufre el síndrome Nimby. Bravo declara también que hay una gran hipocresía al respecto entre las filas del PP, pues Rajoy antes se afirmaba completamente a favor y ahora mantiene no tenerlo tan claro, a la vez que Cospedal ahora no quiere el cementerio nuclear en su comunidad autónoma. Recientes sondeos de opinión muestran que la gente no quiere vivir cerca de la basura radiactiva y eso es algo que los políticos han captado cuando les iba en juego sus propios votos.
En mi opinión, el “efecto Nimby” no es más que otra muestra de la hipocresía política de una clase profesional que reniega de ideologías y centra su actuación política en guardar las apariencias para así mantener su cargo público (y seguir ganando dinero, que es el objetivo del político profesional). Para estos mandatarios públicos del PP que se habían manifestado a favor de la energía nuclear no es ningún problema manifestarse en contra a última hora, ya que su ideología y sus valores están aparcados de lado y solo les mueven intereses profesionales y económicos, es decir, se declararon a favor para mantenerse acordes a la ideología del partido y ahora se manifiestan en contra para evitar un escándalo en su propia comunidad que ponga en peligro su puesto profesional. Un político profesional tiene una escala de valores en la que se encuentra muy alto el guardar las apariencias con el partido político que te mantiene en tu cargo, aunque la cúspide de esta escala de valores está en evitar todas aquellas crisis que pongan tu sueldo en peligro.
Este efecto se está dando estos últimos días en España con relación a la temática de los cementerios nucleares: ciertos mandatarios públicos pro nucleares se han mostrado recientemente en contra de esta iniciativa al contemplar la posibilidad de que estos cementerios se sitúen en sus propias comunidades autónomas. Carlos Bravo, portavoz de Greenpeace en España, es quien ha declarado públicamente que Cospedal sufre el síndrome Nimby. Bravo declara también que hay una gran hipocresía al respecto entre las filas del PP, pues Rajoy antes se afirmaba completamente a favor y ahora mantiene no tenerlo tan claro, a la vez que Cospedal ahora no quiere el cementerio nuclear en su comunidad autónoma. Recientes sondeos de opinión muestran que la gente no quiere vivir cerca de la basura radiactiva y eso es algo que los políticos han captado cuando les iba en juego sus propios votos.
En mi opinión, el “efecto Nimby” no es más que otra muestra de la hipocresía política de una clase profesional que reniega de ideologías y centra su actuación política en guardar las apariencias para así mantener su cargo público (y seguir ganando dinero, que es el objetivo del político profesional). Para estos mandatarios públicos del PP que se habían manifestado a favor de la energía nuclear no es ningún problema manifestarse en contra a última hora, ya que su ideología y sus valores están aparcados de lado y solo les mueven intereses profesionales y económicos, es decir, se declararon a favor para mantenerse acordes a la ideología del partido y ahora se manifiestan en contra para evitar un escándalo en su propia comunidad que ponga en peligro su puesto profesional. Un político profesional tiene una escala de valores en la que se encuentra muy alto el guardar las apariencias con el partido político que te mantiene en tu cargo, aunque la cúspide de esta escala de valores está en evitar todas aquellas crisis que pongan tu sueldo en peligro.
miércoles, 14 de abril de 2010
LA CRISIS DE LA POLÍTICA
“Crisis: Situación de un asunto o proceso cuando está en duda la continuación, modificación o cese”. En los últimos años se suele emplear mucho este término, con el que hacemos referencia a un período de tiempo en el cual se ha desarrollado un conflicto que perdurará mientras no cambie la situación actual. Estoy haciendo referencia, obviamente, a la crisis económica. Sin embargo, y siguiendo esta definición de crisis de la Real Academia Española, nos encontramos con que en la actualidad se está desarrollando un amplio abanico de crisis, cuya existencia o importancia varían según a quién le preguntes. Es decir, la Iglesia Católica nos habla de una crisis moral, una crisis de la fe, mientras que la derecha conservadora mantiene la existencia de una crisis de los valores familiares y la izquierda afirma una crisis del verdadero socialismo. Así, si me preguntan a mí, prefiero darle importancia a la que veo como la “crisis política”, la cual amenaza claramente con romper en pedazos lo que conocemos hoy como la práctica política.
¿A qué me refiero con la crisis política?:
Últimamente se concibe la política como un “conjunto de señores y señoras que hablan mucho, hacen poco y se llenan los bolsillos por el camino”, lo cual provoca el creciente cansancio del pueblo, cansancio que se refleja día a día en la pérdida masiva de confianza por parte de los ciudadanos hacia la “clase política”. Esta pérdida de confianza está provocando la cada vez mayor desvinculación del pueblo hacia la política, por lo que, si esto sigue así, podríamos llegar a vislumbrar un día en el que la política esté tan alejada del pueblo que éste no se vea representado por ella, por lo que podría producirse una “revolución” (por supuesto en un sentido contemporáneo y no violento de la palabra”) popular contra la clase política.
Este día está más cerca de lo que parece, y para evitarlo ya se han iniciado en distintas partes del mundo proyectos precipitados (aunque poco eficaces) para acercar la política a la ciudadanía sin cambiar los pilares sobre los que se sostiene la misma. Es decir, que para evitar una situación de riesgo, la política pretende adaptar al pueblo a ella, en lugar de adaptarse ella al pueblo
Así, es esta nueva concepción de la política por parte del pueblo la que ha generado la crisis política, sin embargo, ¿cuáles son las causas de que la política sea ahora vista de forma distinta? ¿Cuáles son los motivos de su cambio? El más importante de todos es sin duda un mal planteamiento del ejercicio político por parte de los “profesionales” de este sector (es decir, la clase política).
Planteamiento erróneo del ejercicio político:
Hace algunos años, en España, se concebía la política como una herramienta de la izquierda para oponerse al régimen franquista. Luego, la política pasó a ser la herramienta que usaba el pueblo para autogobernarse, mediante una serie de medidas democráticas protegidas por un régimen constitucional. Pero desde entonces hasta ahora ha vuelto a sufrir un cambio. Ahora la política es concebida por aquellos que la ejercitan, no como una herramienta popular, sino como un negocio, un oficio o una empresa familiar. Así, tras este cambio, aquellos que ejercitan la política pasan de ser “el pueblo” a ser una “clase política”, es decir, unos pocos bien situados que, bajo el pretexto de actuar por el bien común, sacan beneficio de su posición.
Por lo tanto, para salir de la crisis política en la que nos vemos inmersos y evitar así la situación de riesgo que pueda generarse tras el desencanto general hacia la práctica política, debemos llevar a cabo un replanteamiento urgente del proceso político. Es decir, dejar de concebir la política como un negocio, una práctica lucrativa o un juego hipócrita de “élite” para concebirla de nuevo como una herramienta popular.
Así, para replantear la política, se deben llevar a cabo una serie de procesos, simplificados en dos pasos fundamentales:
1. Dar fin a la competencia política (que es la que alimenta el sistema actual) reflejada en el “juego político” llevado a cabo entre los partidos “catch-all”, volviendo así a los “partidos obreros” (es decir, partidos herramienta del pueblo).
2. Dejar de concebir una élite política, formada en el individualismo y los intereses personales, para así acercar la política al pueblo. Es decir, ésta no puede llegar al pueblo mientras su monopolio lo tenga una élite política formada para ello.
Competencia política – la crisis reflejada en los catch-all:
La aparición en la era moderna de los partidos obreros fue la mayor revolución en el mundo de la política, pues supuso la entrada del pueblo llano en el terreno político. Así, los partidos políticos nacieron como herramienta del pueblo para participar en la política, que a partir de ahí se fue transformando y limitando con el paso del tiempo su ejercicio a estos partidos, de forma que actualmente cualquier ciudadano debe entrar a formar parte de uno para participar en la política. Sin embargo, la situación actual presenta una característica especial, un factor de cambio, los partidos de obreros han desaparecido del espectro político, dejando paso a sus sustitutos legítimos, los partidos catch-all.
Los partidos catch-all (en español, partidos atrápalo-todo) son los llamados “partidos de masas”, es decir, partidos que tienden a ocupar la inmensa mayoría de los votos, al estar situados más en el centro y, por lo tanto, al ser más afines a la mayoría de los ciudadanos. Como tienden a situarse en el centro, los partidos catch-all fomentan el bipartidismo, convirtiendo el partidismo político en un conflicto de bloques entre el centro-izquierda y el centro-derecha. Estos bloques son bastante similares entre sí en cuanto a la práctica política (salvando sus diferencias ideológicas naturales), sin embargo se hayan en pleno conflicto por conseguir la gran mayoría de votos y gobernar el Estado. Así, los partidos han pasado de ser herramientas ciudadanas a ser bloques que compiten entre sí por el poder político. Este clima político de competición trae consigo un factor de vital importancia para el tema que nos abarca: la política comienza a ser vista por aquellos que la ejercen como un negocio y no como un proceso ciudadano para defender posturas y opiniones diversas, generándose así la llamada clase (o élite) política.
Además, es precisamente el hecho de que la política sea vista como en negocio familiar, una especie de empresa lucrativa, lo que provoca la corrupción y la ineficacia política, ya que el objetivo principal de un político profesional es el de ganar dinero, ya que la política es su profesión, que es además muy lucrativa. Así, el motor de todo este proceso es la avaricia, la ambición y la sed de poder de la que se ha alimentado la política todos estos años gracias a estos profesionales que la ejercen principalmente en su beneficio propio.
La importancia de la educación:
Para lograr un replanteamiento positivo de la política es vital el papel de la educación. No me refiero solo a un fomento de la educación (que está en declive en el sistema español), sino a reformar ciertos aspectos de la misma para que incluya un nuevo aspecto, la educación cívica. Lo básico para volver a la política como herramienta del pueblo es educar y concienciar a las personas como ciudadanos, y no como individuos apolíticos. Esto es lo que se pretende con, por ejemplo, la implantación de la asignatura “Educación para la ciudadanía” (aunque el planteamiento llevado a cabo para esta en los institutos es otro tema). Debe fomentarse la participación ciudadana en las ciudades, para lo cual lo más óptimo es llevar a cabo procesos de participación en núcleos pequeños (barrios o distritos), fomentando los valores republicanos de ciudadanía activa, democracia directa y participación. Mediante estas reformas se logrará, con el tiempo, cambiar, por un lado, la perspectiva del ciudadano hacia la política (pues la concebirá como un proceso mediante el cual verdaderamente logra unos fines sociales), y por otro lado, cambiar la política misma, pues el panorama político se verá afectado por los procesos ciudadanos de participación, y así la política deberá adaptarse a la ciudadanía, que evolucionará políticamente más rápido.
Conclusión:
La ambición personal y el individualismo imperante en nuestra sociedad son los motores que provocan la evolución de los partidos de masas en partidos catch-all, y así, el proceso de cambio de la política. Se crea de esta forma una clase política (formada además para ello en las universidades) que participa en el juego de competición entre los partidos, un juego donde no se construye democracia ni se lucha por un futuro, sino un juego donde se alaban las habladurías, las réplicas ingeniosas, la demagogia y el insulto. Queda la política relegada así a una especie de teatro o circo que mantiene al pueblo alejado del verdadero debate socio-político mientras que los de siempre se llenan los bolsillos.
Es decir, y para terminar, la crisis de la política es una crisis provocada por el enfrentamiento entre partidos catch-all (bloques profesionales) y fomentada por élites políticas ambiciosas y educadas de forma incorrecta. Así, la crisis política sigue un proceso de retroalimentación, haciendo imposible el salir de ella a no ser que se lleven a cambio medidas para reestructurar el sistema desde cero, cambiando la forma concebida de hacer política.
¿A qué me refiero con la crisis política?:
Últimamente se concibe la política como un “conjunto de señores y señoras que hablan mucho, hacen poco y se llenan los bolsillos por el camino”, lo cual provoca el creciente cansancio del pueblo, cansancio que se refleja día a día en la pérdida masiva de confianza por parte de los ciudadanos hacia la “clase política”. Esta pérdida de confianza está provocando la cada vez mayor desvinculación del pueblo hacia la política, por lo que, si esto sigue así, podríamos llegar a vislumbrar un día en el que la política esté tan alejada del pueblo que éste no se vea representado por ella, por lo que podría producirse una “revolución” (por supuesto en un sentido contemporáneo y no violento de la palabra”) popular contra la clase política.
Este día está más cerca de lo que parece, y para evitarlo ya se han iniciado en distintas partes del mundo proyectos precipitados (aunque poco eficaces) para acercar la política a la ciudadanía sin cambiar los pilares sobre los que se sostiene la misma. Es decir, que para evitar una situación de riesgo, la política pretende adaptar al pueblo a ella, en lugar de adaptarse ella al pueblo
Así, es esta nueva concepción de la política por parte del pueblo la que ha generado la crisis política, sin embargo, ¿cuáles son las causas de que la política sea ahora vista de forma distinta? ¿Cuáles son los motivos de su cambio? El más importante de todos es sin duda un mal planteamiento del ejercicio político por parte de los “profesionales” de este sector (es decir, la clase política).
Planteamiento erróneo del ejercicio político:
Hace algunos años, en España, se concebía la política como una herramienta de la izquierda para oponerse al régimen franquista. Luego, la política pasó a ser la herramienta que usaba el pueblo para autogobernarse, mediante una serie de medidas democráticas protegidas por un régimen constitucional. Pero desde entonces hasta ahora ha vuelto a sufrir un cambio. Ahora la política es concebida por aquellos que la ejercitan, no como una herramienta popular, sino como un negocio, un oficio o una empresa familiar. Así, tras este cambio, aquellos que ejercitan la política pasan de ser “el pueblo” a ser una “clase política”, es decir, unos pocos bien situados que, bajo el pretexto de actuar por el bien común, sacan beneficio de su posición.
Por lo tanto, para salir de la crisis política en la que nos vemos inmersos y evitar así la situación de riesgo que pueda generarse tras el desencanto general hacia la práctica política, debemos llevar a cabo un replanteamiento urgente del proceso político. Es decir, dejar de concebir la política como un negocio, una práctica lucrativa o un juego hipócrita de “élite” para concebirla de nuevo como una herramienta popular.
Así, para replantear la política, se deben llevar a cabo una serie de procesos, simplificados en dos pasos fundamentales:
1. Dar fin a la competencia política (que es la que alimenta el sistema actual) reflejada en el “juego político” llevado a cabo entre los partidos “catch-all”, volviendo así a los “partidos obreros” (es decir, partidos herramienta del pueblo).
2. Dejar de concebir una élite política, formada en el individualismo y los intereses personales, para así acercar la política al pueblo. Es decir, ésta no puede llegar al pueblo mientras su monopolio lo tenga una élite política formada para ello.
Competencia política – la crisis reflejada en los catch-all:
La aparición en la era moderna de los partidos obreros fue la mayor revolución en el mundo de la política, pues supuso la entrada del pueblo llano en el terreno político. Así, los partidos políticos nacieron como herramienta del pueblo para participar en la política, que a partir de ahí se fue transformando y limitando con el paso del tiempo su ejercicio a estos partidos, de forma que actualmente cualquier ciudadano debe entrar a formar parte de uno para participar en la política. Sin embargo, la situación actual presenta una característica especial, un factor de cambio, los partidos de obreros han desaparecido del espectro político, dejando paso a sus sustitutos legítimos, los partidos catch-all.
Los partidos catch-all (en español, partidos atrápalo-todo) son los llamados “partidos de masas”, es decir, partidos que tienden a ocupar la inmensa mayoría de los votos, al estar situados más en el centro y, por lo tanto, al ser más afines a la mayoría de los ciudadanos. Como tienden a situarse en el centro, los partidos catch-all fomentan el bipartidismo, convirtiendo el partidismo político en un conflicto de bloques entre el centro-izquierda y el centro-derecha. Estos bloques son bastante similares entre sí en cuanto a la práctica política (salvando sus diferencias ideológicas naturales), sin embargo se hayan en pleno conflicto por conseguir la gran mayoría de votos y gobernar el Estado. Así, los partidos han pasado de ser herramientas ciudadanas a ser bloques que compiten entre sí por el poder político. Este clima político de competición trae consigo un factor de vital importancia para el tema que nos abarca: la política comienza a ser vista por aquellos que la ejercen como un negocio y no como un proceso ciudadano para defender posturas y opiniones diversas, generándose así la llamada clase (o élite) política.
Además, es precisamente el hecho de que la política sea vista como en negocio familiar, una especie de empresa lucrativa, lo que provoca la corrupción y la ineficacia política, ya que el objetivo principal de un político profesional es el de ganar dinero, ya que la política es su profesión, que es además muy lucrativa. Así, el motor de todo este proceso es la avaricia, la ambición y la sed de poder de la que se ha alimentado la política todos estos años gracias a estos profesionales que la ejercen principalmente en su beneficio propio.
La importancia de la educación:
Para lograr un replanteamiento positivo de la política es vital el papel de la educación. No me refiero solo a un fomento de la educación (que está en declive en el sistema español), sino a reformar ciertos aspectos de la misma para que incluya un nuevo aspecto, la educación cívica. Lo básico para volver a la política como herramienta del pueblo es educar y concienciar a las personas como ciudadanos, y no como individuos apolíticos. Esto es lo que se pretende con, por ejemplo, la implantación de la asignatura “Educación para la ciudadanía” (aunque el planteamiento llevado a cabo para esta en los institutos es otro tema). Debe fomentarse la participación ciudadana en las ciudades, para lo cual lo más óptimo es llevar a cabo procesos de participación en núcleos pequeños (barrios o distritos), fomentando los valores republicanos de ciudadanía activa, democracia directa y participación. Mediante estas reformas se logrará, con el tiempo, cambiar, por un lado, la perspectiva del ciudadano hacia la política (pues la concebirá como un proceso mediante el cual verdaderamente logra unos fines sociales), y por otro lado, cambiar la política misma, pues el panorama político se verá afectado por los procesos ciudadanos de participación, y así la política deberá adaptarse a la ciudadanía, que evolucionará políticamente más rápido.
Conclusión:
La ambición personal y el individualismo imperante en nuestra sociedad son los motores que provocan la evolución de los partidos de masas en partidos catch-all, y así, el proceso de cambio de la política. Se crea de esta forma una clase política (formada además para ello en las universidades) que participa en el juego de competición entre los partidos, un juego donde no se construye democracia ni se lucha por un futuro, sino un juego donde se alaban las habladurías, las réplicas ingeniosas, la demagogia y el insulto. Queda la política relegada así a una especie de teatro o circo que mantiene al pueblo alejado del verdadero debate socio-político mientras que los de siempre se llenan los bolsillos.
Es decir, y para terminar, la crisis de la política es una crisis provocada por el enfrentamiento entre partidos catch-all (bloques profesionales) y fomentada por élites políticas ambiciosas y educadas de forma incorrecta. Así, la crisis política sigue un proceso de retroalimentación, haciendo imposible el salir de ella a no ser que se lleven a cambio medidas para reestructurar el sistema desde cero, cambiando la forma concebida de hacer política.
sábado, 3 de abril de 2010
EN UNA ERA EQUIVOCADA
Posiblemente me equivoque (y así lo espero, de verdad), pero creo que estamos en la era equivocada. Reflexionad sobre esto. Vivimos unos años en el que “el nivel de vida es tan alto” que ni siquiera necesitamos pensar por nosotros mismos, ¿para qué?, si ya hay programas de televisión que piensan por nosotros. Tampoco necesitamos opinar por nosotros mismos, porque ya hay programas de opinión en los medios que opinan por nosotros. Y por supuesto tampoco tenemos por qué sacar conclusiones por nosotros mismos, pues hasta los telediarios y los periódicos lo hacen por nosotros. Es genial lo mires por donde lo mires, lo tenemos facilísimo, solo tenemos que limitarnos a ver y escuchar pensamientos y comentarios ajenos, comprarnos lo que nos apetezca (que para eso hay bienestar económico), estar conectados a la red mundial de información y, claro está, pagar.
Esto está muy bien pensado, sí señor, la mayoría no somos capaces de tener una pizca de pensamiento crítico pero eso sí, vivimos “de puta madre”. Y esto genera un sistema cerrado muy curioso, pues a la vez que se nos limita la capacidad de pensar por nosotros mismos se nos arrebata también la capacidad de protesta, de crítica, de reivindicación social, y nos limitamos simplemente a pagar para que esos mismos mecanismos que nos convierten en meros títeres sigan funcionando, porque realmente somos incapaces de vivir sin ellos. “¡Me cago en la puta”, si les ha salido la jugada redonda!
Y es que ya hasta hemos olvidado nuestro pasado, pues para que este sistema pueda funcionar, por supuesto, necesita prostituir todas las figuras y símbolos “peligrosos” que puedan hacer que realmente nos revelemos (y por tanto nos neguemos a “seguir pagando”). Hoy escuchas la palabra “rojo” en casi cualquier película y casi seguro que se refiere a un villano ruso con cara de perro militar, un asesino soviético estalinista. No me jodas, pero si solo hace treinta años que aquí en España “roja” era una persona orgullosa de luchar contra las injusticias sociales y en pos de la igualdad. No hay que ser muy inteligente para darse cuenta de que realmente la información que nos llega por cualquier medio está manipulada.
Y si no te convence, pregúntale a aquel hombre o aquella mujer (ya entrados en años) que luchaban en los años 60 y 70, en plena dictadura franquista, por unos ideales como eran la libertad y la igualdad, pregúntales quién era Ernesto Che Guevara (por decir un ejemplo, no os alarméis). Posiblemente te responda que era un revolucionario romántico que luchó y murió por unos ideales, y que en España muchos tomaron su ejemplo y se inspiraron en sus acciones para revelarse (con más o menos acierto) contra el Régimen. Hoy en día han ocurrido dos cosas con el recuerdo del Che, o bien se ha convertido en merchandising (camisetas, llaveros, mochilas…) empleado por algunos para ir de progres (me encantaría hablaros de esta gente, pero no viene al caso) o bien es considerado un vulgar asesino de masas, un “rojo”. Pues sí que hemos cambiado en 30 años.
Todo esto no es nuevo, eh, esto viene de muy antiguo. Estábamos de sobra prevenidos. Ya en la Antigua Roma existía la llamada “política de pan y circo”: dale a la plebe (al pueblo) pan que les sacie y circo que les entretenga y comerán de la palma de tu mano. Hoy en día es lo mismo, pero a lo bestia. El pan son las grandes empresas y marcas comerciales cuyos productos sacian nuestro ansia por poseer cada vez más, y el circo son los grandes medios y espectáculos de masas que nos tienen fijos a una programación realmente entretenida. Y logrado esto, comemos de la palma de su mano, ¿y qué es lo que nos hacen hacer desde ahí?, pues “pagar”, para así poder mantener el sistema y que sigamos pagando. Joder, es que es perfecto.
Y me gustaría formular una pregunta que lleva un tiempo incordiándome, ¿realmente hemos olvidado lo que se ha conseguido mediante la lucha social o es que somos tan egoístas y nos importa tan poco que hemos decidido renegar de ella?
Realmente, muy a mi pesar, la era de la lucha social, la reivindicación, la protesta, los revolucionarios románticos y la pelea por lo justo ha muerto, dejando paso a una era moderna de conformismo, consumismo e hipocresía. Y así, el ideal de lo que una vez fue la izquierda (me refiero a la de verdad, no lo que conocemos hoy por izquierda) ha sido prostituido y convertido en palabrería y merchandising. Como yo digo, vivimos, en mi opinión, en la era equivocada.
Esto está muy bien pensado, sí señor, la mayoría no somos capaces de tener una pizca de pensamiento crítico pero eso sí, vivimos “de puta madre”. Y esto genera un sistema cerrado muy curioso, pues a la vez que se nos limita la capacidad de pensar por nosotros mismos se nos arrebata también la capacidad de protesta, de crítica, de reivindicación social, y nos limitamos simplemente a pagar para que esos mismos mecanismos que nos convierten en meros títeres sigan funcionando, porque realmente somos incapaces de vivir sin ellos. “¡Me cago en la puta”, si les ha salido la jugada redonda!
Y es que ya hasta hemos olvidado nuestro pasado, pues para que este sistema pueda funcionar, por supuesto, necesita prostituir todas las figuras y símbolos “peligrosos” que puedan hacer que realmente nos revelemos (y por tanto nos neguemos a “seguir pagando”). Hoy escuchas la palabra “rojo” en casi cualquier película y casi seguro que se refiere a un villano ruso con cara de perro militar, un asesino soviético estalinista. No me jodas, pero si solo hace treinta años que aquí en España “roja” era una persona orgullosa de luchar contra las injusticias sociales y en pos de la igualdad. No hay que ser muy inteligente para darse cuenta de que realmente la información que nos llega por cualquier medio está manipulada.
Y si no te convence, pregúntale a aquel hombre o aquella mujer (ya entrados en años) que luchaban en los años 60 y 70, en plena dictadura franquista, por unos ideales como eran la libertad y la igualdad, pregúntales quién era Ernesto Che Guevara (por decir un ejemplo, no os alarméis). Posiblemente te responda que era un revolucionario romántico que luchó y murió por unos ideales, y que en España muchos tomaron su ejemplo y se inspiraron en sus acciones para revelarse (con más o menos acierto) contra el Régimen. Hoy en día han ocurrido dos cosas con el recuerdo del Che, o bien se ha convertido en merchandising (camisetas, llaveros, mochilas…) empleado por algunos para ir de progres (me encantaría hablaros de esta gente, pero no viene al caso) o bien es considerado un vulgar asesino de masas, un “rojo”. Pues sí que hemos cambiado en 30 años.
Todo esto no es nuevo, eh, esto viene de muy antiguo. Estábamos de sobra prevenidos. Ya en la Antigua Roma existía la llamada “política de pan y circo”: dale a la plebe (al pueblo) pan que les sacie y circo que les entretenga y comerán de la palma de tu mano. Hoy en día es lo mismo, pero a lo bestia. El pan son las grandes empresas y marcas comerciales cuyos productos sacian nuestro ansia por poseer cada vez más, y el circo son los grandes medios y espectáculos de masas que nos tienen fijos a una programación realmente entretenida. Y logrado esto, comemos de la palma de su mano, ¿y qué es lo que nos hacen hacer desde ahí?, pues “pagar”, para así poder mantener el sistema y que sigamos pagando. Joder, es que es perfecto.
Y me gustaría formular una pregunta que lleva un tiempo incordiándome, ¿realmente hemos olvidado lo que se ha conseguido mediante la lucha social o es que somos tan egoístas y nos importa tan poco que hemos decidido renegar de ella?
Realmente, muy a mi pesar, la era de la lucha social, la reivindicación, la protesta, los revolucionarios románticos y la pelea por lo justo ha muerto, dejando paso a una era moderna de conformismo, consumismo e hipocresía. Y así, el ideal de lo que una vez fue la izquierda (me refiero a la de verdad, no lo que conocemos hoy por izquierda) ha sido prostituido y convertido en palabrería y merchandising. Como yo digo, vivimos, en mi opinión, en la era equivocada.
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