miércoles, 26 de mayo de 2010

CAPITALISMO, SOCIALISMO Y LIBERALISMO

Escribo esto, ayudándome de manuales y un diccionario de sociología, porque la gente, al desvincularse totalmente de la política y todo lo que conlleva (especialmente la población joven), se desvincula también de conceptos esenciales para entender la evolución de su propia sociedad. Por ello creo conveniente poner mi granito de arena en acercar un poco de cultura política básica a aquellas personas que siempre dicen “¿política?, a mí eso no me gusta; yo no sé de eso”. Como tampoco quiero explayarme, me voy a centrar en los tres aspectos de la política que considero más esenciales y que todo el mundo debe conocer: capitalismo, marxismo y liberalismo.

La política, tal y como la entendemos hoy, nació cuando, a finales del siglo XVIII, la clase burguesa se levantó contra la tiranía del poder absolutista de la monarquía y la aristocracia. Esa burguesía, ya en el poder, instauró un sistema político y económico que le resultaba favorable, el liberalismo, llamado así porque se basaba en la liberalización de la economía para que ésta no estuviese controlada por el Estado (sino por la propia burguesía), esto supuso el impulso y auge de los bancos y las empresas privadas y el desarrollo económico que desencadenó la Revolución Industrial. La burguesía se había convertido en la clase dominante de un sistema basado en el libre mercado y la libertad individual. En este sistema, que favorecía al que era más fuerte económicamente, el empresario era libre de imponer las medidas que creyese oportunas sobre sus trabajadores para aumentar la productividad y las ganancias (como medidas entiéndase salarios mínimos, explotación infantil, condiciones laborales marginales, etc.). En este sistema en que los trabajadores eran una simple herramienta empresarial, surgió la conciencia de clase entre los más humildes. La sociedad se dividió así en dos bloques: proletarios y burgueses, es decir, nace la lucha de clases. El movimiento obrero usó herramientas como la huelga y la protesta para reivindicar mejoras sociales y laborales, así como la igualdad de clases. Este movimiento se consolidó gracias a la labor de una serie de teóricos, a la cabeza de los cuales se encontraba Karl Marx, quien llamó “capitalismo” a esta sociedad liberal burguesa de conflicto social. Los obreros inventaron herramientas para entrar en la política liberal y así se creó el sistema político que hoy conocemos, estas herramientas son, en esencia, los sindicatos y los partidos políticos. Y así, en el siglo XIX, acabamos de contemplar el nacimiento de la izquierda y la derecha, representada en sus dos ideologías o tendencias naturales: socialismo y liberalismo.

Karl Marx parte de una perspectiva materialista (el modelo de producción configura mentalidades, instituciones y formas de vida) para distinguir entre la producción feudal (basado en la propiedad de la tierra y el trabajo servil dominado por la nobleza terrateniente) y la producción capitalista, cuyo factor principal es el capital, que se nutre del trabajo asalariado, dominado por la burguesía. Marx llega a la conclusión de que el capitalismo es inviable, pues son muchos los que sólo pueden aportar al mercado su trabajo (proletariado), por lo que no sacan beneficio del sistema mientras otros se enriquecen; esto llevará a que la clase obrera acabe con el capitalismo mediante la revolución y lo sustituya por una nueva forma de producción basada en la distribución social: primero, cada persona tendrá según su trabajo y esfuerzo, luego, cada persona tendrá según sus necesidades.


Hoy día, tras el derrumbe del socialismo real, el capitalismo se nos presenta con el nombre de economía de mercado como única forma racional de economía, pues según el dogma liberal, el mercado es la única forma racional de asignar los recursos. Desde su aparición hasta la actualidad, el socialismo ha experimentado gran cantidad de transformaciones y variaciones, siendo posiblemente la más importante la aparición de la social-democracia a partir del revisionismo marxista. Por otro lado, y en contraposición, el liberalismo ha evolucionado poco y ha sufrido pocos cambios, teniendo hoy las mismas bases y principios regidores, aunque se ha centrado más en su propio desarrollo, generando una masificación del libre comercio que ha desembocado en el consumismo. El pensamiento político liberal moderno se ha adaptado a los nuevos tiempos de democracia, convirtiéndose en neo-liberalismo, cuya principal característica a nivel político y económico es la privatización de servicios públicos.

Por otro lado, el socialismo marxista, desarrollado a partir de las teorías de Karl Marx, evoluciona en dos vertientes. Por un lado, la que recibe comúnmente el nombre de “socialismo”, una ideología política y movimiento social reflejado, por ejemplo, en el comunismo y la socialdemocracia. Por otro lado, la que entendemos hoy principalmente como “marxismo”, pensamiento político que se ha desarrollado en diversos campos académicos como la sociología, la historiografía y la politología. Aunque las concepciones contemporáneas de socialismo y marxismo están íntimamente relacionadas, el socialismo democrático actual no se define marxista, y el marxismo como pensamiento académico no se corresponde con el socialismo, que es únicamente una tendencia política. Así, el marxismo tiene una serie de características fundamentales:
 El individuo sólo existe y se comprende en su medio social, que se configura según la forma que tenga de conseguir los recursos necesarios para su subsistencia. Por lo tanto, el grupo antecede al individuo.
 El ser humano es un animal social condenado al trabajo, único medio por el cual garantiza su supervivencia.
 Materialismo: el ser humano desarrolla sus facultades y su cultura en el esfuerzo por satisfacer colectivamente sus necesidades materiales.
 El modo de producción condiciona el proceso social, político y espiritual.
 El marxismo relaciona entre sí todos los saberes y disciplinas al integrarlas en un mismo proceso de desarrollo histórico.

La explotación de la clase asalariada por la burguesía capitalista, la contradicción capital-trabajo y la tendencia a la disminución de la ganancia y a la concentración del capital en cada vez menos manos comportan una crisis de superproducción que hace inviable el capitalismo según el pensamiento marxista, sobre todo teniendo en cuenta el gran número de personas que sólo puede aportar al mercado el esfuerzo de su trabajo, es decir, el amplio número de la clase obrera.

En esta división que he realizado me falta comentar otra escisión o rama del socialismo, de vital importancia en la historia moderna. Comunismo es el concepto usado para calificar sociedades según un determinado tipo de acceso a la propiedad, clave del funcionamiento de la sociedad, pues actuando sobre este acceso a la propiedad podemos cambiar la sociedad de arriba abajo. En el comunismo primitivo no existía la propiedad privada. El comunismo anunciado por Marx para el futuro estaría caracterizado por el igual acceso a la propiedad de todos los individuos. En el comunismo anunciado por Marx se haría realidad al eslogan: “de cada cuál según sus capacidades, a cada cuál según sus necesidades”. En la II Internacional, los socialistas se dividieron entre revisionistas (socialdemócratas) y ortodoxos (comunistas). En la actualidad, se consideran comunistas todos aquellos regímenes y países que han establecido conexión con la revolución de octubre y con los postulados políticos de sus mentores ideológicos, y cuyos rasgos centrales han sido la implantación de un partido único (comunista), la expropiación de la propiedad privada y la industrialización masiva. De aquí la idea de que poco tiene que ver el comunismo marxista con la concepción moderna que se tiene hoy de comunismo, alimentada por una serie de regímenes contemporáneos.

El capitalismo se traduce en el ámbito social como la desigualdad de clases. Según esta perspectiva clásica, el individuo es libre de poner los sueldos de sus empleados a placer, así como sus horarios y condiciones de trabajo, esto genera una gran desigualdad entre la clase empleadora y la clase asalariada. Esta perspectiva individualista enmarcada en el capitalismo se traduce en la actualidad en una serie de políticas neo-liberales que, como el capitalismo definido desde el marxismo, provocan la desigualdad entre clases. Si concebimos ciertos servicios públicos como empresas y aplicamos políticas neo-liberales, nos encontramos con un panorama similar al del conflicto capitalista entre burguesía y proletariado. Es decir, si la sanidad es vista como una empresa privada (y no como un servicio público), el jefe del hospital es un empresario y no un médico (su prioridad no es salvar vidas sino ganar dinero, acumular capital) y pondrá precios a los servicios de su empresa, por lo que únicamente las personas que puedan costearse los servicios de dicha empresa gozarán de una adecuada asistencia sanitaria, lo cual genera claramente una distinción amplia entre clases, entre la clase adinerada que pueda costearse los servicios de estas entidades privadas y la clase baja que vivirá un descenso de su calidad de vida debido a no poder costearse determinados servicios que deberían estar asegurados a todos en un “Estado social y de Derecho”. Lo mismo puede aplicarse a otros ámbitos, como la educación. Por lo tanto, el viejo conflicto del capitalismo en cuanto a lucha de clases aún está vigente, bajo mi punto de vista, y lo estará siempre mientras sigan vigentes determinadas políticas y medidas sociales y económicas que antepongan la ganancia personal y la acumulación de capital al interés general y al bienestar social.

En definitiva, la esencia del capitalismo sigue vigente en la actualidad como lucha de clases, reflejada en las diferencias que surgen entre el sector de la población que puede costearse servicios privados y el que no puede. Estos servicios privados son producto de las políticas neo-liberales de privatización de los servicios y garantías sociales.

jueves, 20 de mayo de 2010

DEMOCRACIA Y PARTICIPACIÓN

La política se está desvinculando cada vez más del pueblo, es algo innegable. Este problema se nos plantea complejo, pues como la distancia entre los intereses de los políticos (y poderosos) y los intereses del pueblo siga haciéndose cada vez más grande llegará un momento en el que nos encontremos ante un régimen autoritario disfrazado de democracia, y además será totalmente legal. En mi opinión, para evitar esta situación debe reformarse y modernizarse el concepto que entendemos hoy por política, y esto, siempre desde mi punto de vista, debe llevarse a cabo mediante la reforma de varios conceptos políticos esenciales, él más importante de estos conceptos es a la vez el más general, el concepto de democracia:

El concepto de democracia es muy relativo. En la teoría, la democracia es el gobierno del pueblo, aunque en la práctica no creo que sea mucho más que votar cada cuatro años qué partido quieres que siga ostentando el poder político. Si hubiera una cantidad de partidos políticos de forma que todas las ideas y pensamientos estuviesen representadas, pues mira, pero siendo dos los partidos mayoritarios que se alternan en el poder, pues no encaja. La democracia se legitima mediante la soberanía popular, pues el pueblo vota el partido que defienda sus ideas y por lo tanto el pueblo se autogobierna, sin embargo dudo muchísimo que el pueblo se sienta de verdad soberano, sobre todo cuando la herramienta del pueblo para hacer la ley, la “iniciativa legislativa popular”, tiene una importancia prácticamente nula. Veo en la democracia una herramienta teórica muy poderosa, sin embargo el pueblo no ejerce esa herramienta sino que permanece impasible mientras que los que dicen actuar en su nombre la desprestigian. Para que el pueblo tenga una participación más activa en la sociedad, lo primero es hacer que sea consciente de que tiene esa herramienta, lograr que deje de limitarse a leer la política en los periódicos y telediarios y que se decida a participar en ella. Sólo con un índice alto de participación popular estaremos ejerciendo nuestro uso de la democracia.

Las herramientas esenciales del pueblo para participar en la democracia, en nuestro régimen representativo, son los partidos políticos, sin embargo dudo mucho que una democracia pueda funcionar cuando estas herramientas son en sí mismas tan poco democráticas, y tan sectarias. Luego está el problema del bipartidismo, y pasamos a hablar, no de una multitud de partidos que reflejan las ideas del conjunto de ciudadanos, sino de dos bloques políticos, no muy distintos en la práctica, que se alternan en el poder. Por lo tanto, cuando esto es así tiende a aumentar el número de gente que se afilia a los partidos políticos, no por el sentimiento de participar en la comunidad, sino por la ambición de participar en el reparto del poder. Lo primero que debe darse en un sistema de democracia representativa es unas herramientas democráticas, es decir, partidos, que realmente reflejen la diversidad de pensamiento de la ciudadanía, y que faciliten y apoyen la participación de la misma.

Y si este sistema de democracia representativa falla y desemboca inevitablemente en el bipartidismo y la ambición política, pues digo yo que habrá que buscar otras salidas. Podríamos plantearnos posibilidades para llevar a cabo de forma lógica un sistema donde tenga más cabida la democracia directa; por ejemplo, asambleas de ciudadanos que viven en núcleos pequeños (barrios, distritos…) que puedan incidir en las decisiones que afecten a su comunidad (un buen ejemplo de esto son las asambleas de barrio y distrito de los Presupuestos Participativos llevados a cabo por Participación Ciudadana en Sevilla). Pero esta es sólo una de las posibilidades, el caso es que este sistema de democracia no puede estar funcionando, sobre todo cuando la democracia acaba limitándose a ser simplemente una competición de bloques donde todo vale, pues en política se suele hablar mucho del respeto al rival, y la palabra “rival” es un término de competición claro que refleja claramente el juego político; y yo, personalmente, entiendo democracia como “participación”, y no como “competición”.

Hay una serie de factores ligados a la democracia que deben tomar relevancia en un sistema democrático que quiera destacar por su carácter social e igualitario. De entre estos factores, algunos de los más importantes son “ciudadanía”, “participación”, “republicanismo” y “ámbito público”.

 Ciudadanía: No podemos olvidar nunca que la ciudadanía es el motor de la democracia. Sin embargo, para que un individuo se convierta en ciudadano se deben dar tres circunstancias debe existir una relación entre el propio individuo y el Estado. Además, esa relación queda obsoleta si no hay además un sentimiento común de participación ciudadana. El propio Estado debe facilitar a los individuos las herramientas para convertirse en ciudadanos. Sólo fomentando el sentimiento cívico se puede dar un fundamento óptimo a la democracia, que es en esencia un régimen político donde todos, en igualdad de condiciones, participamos en nuestra sociedad y de nuestra sociedad.

 Participación: Con participación nos referimos al proceso a través del cual los ciudadanos se involucran en la política, entendida ésta no como una profesión partidista, sino como la herramienta ciudadana mediante la cual los miembros de una comunidad se gestionan. Como ya he señalado, el problema de la participación es cuando se quiere llevar a cabo en grandes espacios, tendiéndose a generar un sistema de representación. Sin embargo, si la participación se lleva a cabo en pequeñas comunidades o pequeños núcleos de población se puede llevar a cabo un sistema democrático más eficiente a través del cual los ciudadanos toman partido directo en las decisiones políticas que les afectan. Este proceso, a la hora de llevarlo a un ámbito más grande, debe hacerse casi por fuerza representativo, aunque deben ser representantes elegidos directamente por los ciudadanos y no debe perderse esa base de elección directa comunal.

 Republicanismo: Me refiero a Republicanismo no cómo movimiento para la caída de la figura del Rey, que es como suele verlo la mayoría, sino como ideología y pensamiento político moderno que propugna la completa implicación del ciudadano en la gestión política de la comunidad. Como contraposición a otras líneas de pensamiento político, como el liberalismo, el nacionalismo o el socialismo, el republicanismo hace especial hincapié en el desarrollo de la democracia, pero una democracia igualitaria y social. Efectivamente, una de sus ideas más características es que en una democracia plena no puede tener cabida una Jefatura del Estado hereditaria por línea sucesoria en una familia concreta, independientemente de lo adecuado que consideremos el trabajo llevado a cabo por dicho Jefe del Estado. Igualmente, debe fomentarse una más continuada rotación de cargos públicos, que no deben de dotar de tantas ventajas a quienes los ostentan, para así garantizar plenamente este factor democrático que es la participación de la ciudadanía.

 Ámbito Público: Para llevar a cabo una solución al problema político que se nos presenta, no podemos obviar lo arraigado que está el pensamiento individualista en nuestra sociedad. Es ese individualismo el que fomenta la aparición de una clase política profesional y que provoca el desencanto del pueblo hacia la práctica política. Ese individualismo es la base de una tendencia de pensamiento político y económico, el liberalismo (o neo-liberalismo si lo llevamos al ámbito contemporáneo), basado en el libre mercado y en el fomento del sector privado sobre el sector público, es decir, propugna la privatización de servicios públicos. El Estado liberal es un Estado interventor, cuya mano está fuertemente limitada para dejar lugar al desarrollo de la libre personalidad individual. En un Estado donde tengan fuerza los conceptos propuestos tal y como los estoy definiendo, el Estado ganará fuerza democrática y así legitimidad para no limitarse como interventor, sino ser Estado-gestor, es decir, un Estado que gestione los servicios públicos y sociales para evitar así desigualdades. Personalmente, yo considero esencial este aspecto para conseguir una igualdad de derechos plena.

sábado, 8 de mayo de 2010

LOS MOVIMIENTOS OBREROS CONSTRUYEN LA DEMOCRACIA, Y EL LIBERALISMO SE LA ROBA

Síntesis del trabajo realizado por Carlos Campanario y Gonzalo Sola para la asignatura “Historia de los Movimientos Sociales y Políticos”.

El movimiento obrero, que busca el bienestar de la clase trabajadora, nace en el siglo XIX, durante el auge del industrialismo liberal basado en el sistema de producción capitalista y en contraposición con la clase burguesa liberal. El nacimiento de la clase obrera como tal está condicionado por las insalubres condiciones de vida de la misma, la constante situación laboral de explotación y la conciencia de clase. Todo fomentado por la relación de dominación que mantenía la clase burguesa liberal sobre la clase obrera, sometida a los deseos y condiciones impuestos por aquella. Aunque es en este marco histórico cuando nace el movimiento obrero como tal, ya antes existían situaciones de dominación entre dos clases opuestas: una de ellas “dominadora” y otra “dominada”. Estamos hablando de la lucha de clases a lo largo de la historia.

Igualitarismo y corrientes de pensamiento:

Para la formación de la identidad de clase fue vital la cristalización de esas circunstancias en que se encontraba la clase obrera en teorías que tenían su sustento en el concepto de igualdad, es decir, en el igualitarismo: aquella idea política que sostiene que todas las personas deben ser tratadas como iguales y para ello han de poseer iguales derechos políticos, económicos, sociales y civiles. Así, los catalizadores del movimiento obrero se nos presentas en tres grandes grupos:
 Socialismo utópico: Promovía reformas sociales y mejoras de las condiciones de vida de los trabajadores, auque sin tratar el tema desde una perspectiva científica. Según Marx, las ideas del socialismo utópico son aplicables a núcleos pequeños, pero imposibles de aplicar a grandes civilizaciones y sociedades.
 Socialismo científico: También denominado marxismo. Es el conjunto de doctrinas políticas y filosóficas derivadas de la obra de Karl Marx y Friedrich Engels. El componente revolucionario del marxismo es la inclusión del estudio de las masas en la sociedad. Marx abogaba por el fin del sistema de producción capitalista mediante la revolución de la clase dominada (proletariado). El sistema de producción capitalista es el germen de la desigualdad social.
 Anarquismo: Es una filosofía política y social que llama a la oposición y abolición del Estado y por extensión, de toda autoridad, jerarquía o control social que se imponga al individuo.

Internacionalismo, expansión y división:

El movimiento obrero comienza su expansión social cuando las diferentes tendencias van adquiriendo peso, debido a la masificación de sindicatos, partidos obreros, etc. En un corto período de tiempo, el movimiento obrero se ramifica en tendencias separadas. En este momento se da una paradoja, y es que el aumento y expansión del obrerismo no reduce el avance del liberalismo como cabría de esperar, sino que es en este mismo período de tiempo es cuando se lleva a cabo la expansión del capitalismo liberal, con la II Revolución Industrial y la fertilización del Imperialismo. En la Segunda Internacional se produjo una nueva escisión dentro del movimiento: socialdemocracia y comunismo (revisionistas y ortodoxos). Ambas tendencias abogan por el empleo del partido como herramienta para entrar en política. Prolifera la acción política como dirección del movimiento obrero y los partidos obreros se convierten en la vanguardia de éste. Así, desde el propio movimiento obrero se “prostituye” su origen, es decir, el movimiento obrero acepta las reglas políticas del juego liberal para reformar el mismo internamente.

Leninismo y Revolución:

¿Por qué la revolución proletaria igualitarista triunfa en Rusia y no en Inglaterra, tal y como predijo Marx? ¿Por qué la revolución rusa igualitarista no triunfa tal como fue concebida en su origen?
 La Revolución Rusa supuso el tránsito de un Estado feudal de vasallaje hacia un Estado igualitarista. La idea originaria de Marx era derrocar el sistema de producción capitalista, es decir, acabar con el liberalismo económico. Por tanto, se puede observar cómo en la doctrina marxista se plantea el cambio de liberalismo a comunismo, pero en ningún caso se plantea el paso de sociedad feudal a sociedad igualitaria.
 La causa de que la revolución rusa fuese tan insurrecta y violenta radica en las férreas condiciones de dominación existentes. La mayor parte de la población pertenecía a las clases populares, que se encontraban bajo una férrea situación de dominación, lo cual justifica que el pueblo auspiciara la revolución. En la historia moderna, siempre que la distancia que separa dominantes de dominados está tan acentuada, las clases dominadas tienden a sublevarse al poder impuesto por la vía revolucionaria.
 La reestructuración organizativa que hace Lenin en el Partido Bolchevique originó una fuerte centralización del partido y una gran concentración del poder, lo que conlleva en parte una desvirtuación del origen igualitarista del movimiento obrero. Es decir, ¿cómo se pretende una Revolución en pos de la igualdad si el motor fundamental de la misma es totalmente desigual? Por consiguiente, esa revolución igualitarista se rompe en el momento en el que una cúpula partidista establece un sistema desigual.

Construyendo un Estado social y democrático:

Por otro lado se desarrolló la socialdemocracia europea, cuya característica singular es pretender reformar el sistema liberal desde dentro, modificando así el liberalismo originario con medidas de seguridad social, economía mixta y sufragio universal, entre otras, pretendiendo mantener un orden basado en la justicia social, la dignidad humana y el gobierno del pueblo. El movimiento obrero se ha servido de la socialdemocracia para adaptar el sistema liberal en la construcción de un Estado Social. En su marco histórico, tras dos Guerras Mundiales, la construcción de la democracia y del Estado Social por parte del movimiento obrero hubo de adaptarse al Estado de Derecho ya implantado. Estamos hablando del nacimiento del Estado de Bienestar. El Estado actual del Bienestar nunca puede ser igualitarista a causa de su base liberal, esta es: laissez-faire, laissez-passer (dejar hacer, dejar pasar). Es por ello por lo que nos cuestionamos qué hubiera ocurrido si ese contexto histórico hubiera sido distinto y favorable.

Conclusiones:

Los movimientos obreros, así como los pensamientos socialistas y de izquierdas que los fundamentan, son quienes han construido las herramientas históricas necesarias para crear la democracia. Sin embargo, hoy encontramos un error en todo esto, algo que no cuadra: la democracia imperante es de carácter liberal, y el Estado de Derecho (fundamentado en las doctrinas liberales de economía de libre mercado) se sobrepone al Estado Social. El liberalismo ha hecho suya la democracia de forma independiente, algo muy hipócrita si consideramos que desde el inicio del liberalismo, éste ha implementado políticas que menoscaban esta construcción de democracia social, que se ha convertido a día de hoy en democracia liberal. Hay un componente en este apoderamiento indebido liberal de la democracia que es muy importante recalcar: la propia desvirtuación del movimiento obrero, basada en el triunfo del individualismo y la pérdida de protesta y crítica social. Todo esto provoca la crisis de la identidad colectiva, pues cada vez más el pensamiento de grupo está siendo sustituido en todos los ámbitos de la vida por un pensamiento individualista, basado en el egoísmo y la persecución del interés propio.

Del estudio de la Revolución Rusa y de la reforma del partido por parte de Lenin hemos aprendido que no se puede pretender crear un sistema igualitario si las herramientas para ello son partidos donde reina la desigualdad e impera en muchos casos la arbitrariedad. Sin embargo, ahora se nos plantea una contradicción, pues ese es el caso de los partidos obreros actuales, donde impera una fuerte jerarquía interna que pone en duda su carácter democrático. ¿Es una verdadera democracia aquella en las que las herramientas del ciudadano para entrar en política se estructuran mediante principios tan poco democráticos?

Actualmente vemos una revitalización de las ideas que fundamentaron el auge del movimiento obrero en campos diversos (ecologismo, pacifismo, movimientos antiglobalización), donde vuelven a tener vigencia y un espíritu renovado y, quizás, de esta forma, puedan volver a impulsar de nuevo un cambio tan importante en nuestra sociedad. Así pues, sólo nos queda realizar la siguiente pregunta: ¿Quo vadis mundo?...

lunes, 3 de mayo de 2010

EL SÍNDROME NIMBY

NIMBY es el acrónimo de la frase “Not In My Back Yard”, es decir, “No en mi patio trasero”, y se usa para describir la actitud de los que apoyan algo, pero siempre que no les toque de cerca. Generalmente, el término sociológico “efecto Nimby” se suele emplear en relación a problemáticas ambientales.

Este efecto se está dando estos últimos días en España con relación a la temática de los cementerios nucleares: ciertos mandatarios públicos pro nucleares se han mostrado recientemente en contra de esta iniciativa al contemplar la posibilidad de que estos cementerios se sitúen en sus propias comunidades autónomas. Carlos Bravo, portavoz de Greenpeace en España, es quien ha declarado públicamente que Cospedal sufre el síndrome Nimby. Bravo declara también que hay una gran hipocresía al respecto entre las filas del PP, pues Rajoy antes se afirmaba completamente a favor y ahora mantiene no tenerlo tan claro, a la vez que Cospedal ahora no quiere el cementerio nuclear en su comunidad autónoma. Recientes sondeos de opinión muestran que la gente no quiere vivir cerca de la basura radiactiva y eso es algo que los políticos han captado cuando les iba en juego sus propios votos.

En mi opinión, el “efecto Nimby” no es más que otra muestra de la hipocresía política de una clase profesional que reniega de ideologías y centra su actuación política en guardar las apariencias para así mantener su cargo público (y seguir ganando dinero, que es el objetivo del político profesional). Para estos mandatarios públicos del PP que se habían manifestado a favor de la energía nuclear no es ningún problema manifestarse en contra a última hora, ya que su ideología y sus valores están aparcados de lado y solo les mueven intereses profesionales y económicos, es decir, se declararon a favor para mantenerse acordes a la ideología del partido y ahora se manifiestan en contra para evitar un escándalo en su propia comunidad que ponga en peligro su puesto profesional. Un político profesional tiene una escala de valores en la que se encuentra muy alto el guardar las apariencias con el partido político que te mantiene en tu cargo, aunque la cúspide de esta escala de valores está en evitar todas aquellas crisis que pongan tu sueldo en peligro.