viernes, 17 de septiembre de 2010

DIVISIÓN E INESTABILIDAD EN EL GOBIERNO


El PSOE es un partido muy amplio, que abarca muchas tendencias ideológicas y políticas. Esta diversidad tiene una doble cara, pues conlleva ventajas monumentales, pero también inconvenientes a tener en cuenta. La mayor ventaja de tener un amplio abanico ideológico es que capta a mayor número de gente, por lo que el partido cuenta con más personal y más apoyo popular para alcanzar el Gobierno. La que posiblemente sea el más importante de los inconvenientes es uno que está siempre presente en las decisiones oficiales del partido, la falta de coordinación en la toma de decisiones. Así, podemos ver como el PSOE, ahora que es el partido del Gobierno, sufre una dura crisis interna debido a la decepción de los sectores más izquierdistas con una serie de políticas llevadas a cabo por el Gobierno de Zapatero, apoyadas e impulsadas por un sector más conservador del partido.

Esta crisis interna se veía venir, pero no ha sido hasta la ruptura provocada por las políticas económicas “liberales” de Elena Salgado cuando podemos hablar de ella sin miedo a equivocarnos. A día de hoy, la crisis interna del PSOE se acentúa, especialmente cuando el Gobierno, en estos últimos días, ha decidido posponer indefinidamente algunas de las medidas más progresistas de su programa: la reforma de la Ley de Libertad Religiosa, y el proyecto de ley de igualdad de trato.

La cuestión está en que una crisis interna del PSOE crearía sin duda alguna una inestabilidad política en el Gobierno que fomentaría un clarísimo descenso en su apoyo popular. Evidentemente, el pueblo difícilmente va a confiar su Gobierno a un partido con semejante inestabilidad interna. Ahora, con esto no quiero decir que el PSOE sea malo y, por lo tanto, el PP bueno. En absoluto. Con el PP ocurre lo mismo pero peor, la diversidad de tendencias dentro del PP abarca desde centro-demócratas hasta vestigios del franquismo más chungo. Entonces, ¿qué es lo que ocurre? Yo lo veo claro, estamos malinterpretando la diversidad política.

Nuestro sistema parte de que la diversidad política depende de la acción de los partidos principales, de forma que ganan poder los partidos más centralistas, que sin embargo son de frágil ruptura debido a su diversidad interna. Por lo tanto, hay que reinterpretar la diversidad política de nuestro sistema, y eso sólo se consigue reformando el Sistema D’Hondt, es decir, mediante una Reforma Electoral que fomente el pluralismo político. Así, la diversidad ideológica y política de España no se reflejará en la multitud de tendencias que forman cada partido, sino en una mayor multitud de partidos, con ideologías muy diversas, que conformarán de forma más igualitaria la sociedad política española. Así daremos un paso de futuro en el desarrollo del sistema representativo, haciéndolo más igualitario y más consecuente con la diversidad ideológica y multicultural de España, dado que hasta los grupos más minoritarios tendrán su porcentaje correspondiente del pastel (en función del apoyo popular).

Así se fomentarían las coaliciones políticas, muy importantes para mantener viva la democracia, y quedaría bien reflejada en nuestro sistema electoral una sociedad moderna, amplia, en la que conviven multitud de tendencias políticas, ideologías, pensamientos y culturas. También se generarían gobiernos más sólidos, sin rupturas ideológicas como las que vemos hoy en el Gobierno del PSOE o en el de la Comunidad Autónoma de Madrid (entre aguirristas y gallardonistas).

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